Claudia Zavala Mtz.
Estado de México.- Bolsas de plástico, botellas, llantas, muebles, escombros y todo tipo de residuos terminan diariamente en calles, barrancas, ríos y alcantarillas del Estado de México. Aunque las autoridades realizan jornadas permanentes de limpieza, una parte importante del problema persiste por la disposición irresponsable de basura en espacios públicos por parte de algunos ciudadanos.
Cada temporada de lluvias, las consecuencias se hacen evidentes. Coladeras obstruidas, drenajes colapsados e inundaciones afectan viviendas, comercios y vialidades en municipios como Ecatepec, Nezahualcóyotl, Chalco, La Paz, Tultitlán y Naucalpan, donde toneladas de residuos son retiradas de la infraestructura hidráulica para restablecer el flujo del agua.
Especialistas en medio ambiente advierten que el problema no solo radica en la capacidad del sistema de drenaje, sino también en la falta de una cultura ambiental. Tirar basura en la vía pública o en cuerpos de agua provoca contaminación del suelo y los ríos, afecta la fauna, genera malos olores y favorece la proliferación de fauna nociva, además de incrementar el riesgo de inundaciones.
Las autoridades estatales y municipales realizan campañas de limpieza, desazolve y recolección de residuos, además de promover acciones de educación ambiental. Sin embargo, reconocen que estos esfuerzos resultan insuficientes si no existe la participación activa de la ciudadanía para mantener limpios los espacios públicos y respetar los horarios y sitios destinados para la disposición de los desechos.
Ambientalistas coinciden en que la solución requiere una estrategia integral que combine infraestructura, sanciones contra quienes tiren basura de manera ilegal, mayor vigilancia, reciclaje y programas permanentes de concientización desde las escuelas y las comunidades. También llaman a fortalecer la separación de residuos y reducir el consumo de plásticos de un solo uso.
Cuidar el medio ambiente no depende únicamente de las autoridades. La limpieza de calles, parques, ríos y espacios públicos es una responsabilidad compartida. Cambiar hábitos cotidianos, como depositar la basura en su lugar, separar los residuos y evitar contaminar cuerpos de agua, puede marcar la diferencia para construir comunidades más limpias, seguras y resilientes frente a las lluvias y los efectos del cambio climático.





