Zoe Portuguez Fes Aragón
La pregunta que antecede el inicio de esta columna podría sonar tonta, ya que durante años las mujeres han peleado por lograr igualdad en el mundo, aunque la lucha no ha sido fácil y varía todo el tiempo según el país o el contexto social, esta siempre ha estado presente en la historia, desde diversas aristas.
Sin embargo, con esta nueva ola de ideas que vienen del pensamiento de ultraderecha , algo tan importante como el derecho al voto femenino se ve amenazado, con activistas conservadores defendiendo la postura: “Solo un voto por familia” y quien decida este voto deberia ser el jefe de familia.
Aunque la idea por si sola suena ridícula y como si hubiéramos retrocedido en el tiempo, sorprendentemente es apoyada por múltiples mujeres que afirman que esta iniciativa fortalecerá la idea de la familia tradicional que se ha disuelto por los ideales feministas actuales.
Tal vez pensarán que esto no se trata de otra cosa que propaganda estadounidense sin trascendencia real, sin embargo, estos ideales parecen llegar a México haciendo eco y como una amenaza para la población femenina. Recientemente un militante del PAN mencionó en sus redes sociales que él apoya la iniciativa de “Un voto por familia” reafirmando que lo que le interesa es dejar a un lado el individualismo que nos caracteriza y así el encargado de ese voto piense en todo su núcleo familiar a la hora de inclinarse por un partido político.
Para cuestionar esta postura, quiero empezar planteando: ¿Qué es una familia tradicional? Lo primero en lo que regularmente pensamos es: Padre, madre e hijos. No obstante, que esa sea la norma tradicional, no quiere decir que hoy obedezca a la realidad, mucho menos en un país como México con un porcentaje preocupante de abandono paterno.
Quitando ese hecho, hoy en día las familias tienden a ser diversas, muchísimas ensambladas, o comandadas precisamente por una mujer, con opiniones y posturas políticas diferentes entre sí y eso no tiene porque ser algo malo, menos sinónimo de disolución familiar.
Aunque no se trata de un hecho definitivo, el pensar que personas que comienzan a tener cercanía con el poder, vengan con estos ideales en mente, es algo que genera impotencia, terror y mucho que pensar: ¿Cómo es posible que tantos años de lucha se resuman en esto?. Dejar fuera de decisiones trascendentales a la mujer, como la de elegir a los gobernantes, implicaría un grave y retroceso social.
Mujeres perdiendo su derecho a votar y algunas por decisión propia. Aunque eso suene como un futuro distópico, no deja de ser una postura real de personas en todo el mundo. Al parecer por ahora lo único que podemos hacer como mujeres interesadas en participar en la vida política y social de nuestro país, es seguir defendiendo nuestros derechos diariamente, ocupando puestos importantes, luchar por nuestras ambiciones y recordar día con día lo capaces e importantes que somos las mujeres.La mejor lucha que podemos dar, es ser cada vez más visibles, para que no puedan borrarnos fácilmente
