Zoe Portuguez Fes Aragón
Si algo nos enseñó este mundial y México como sede y participante llegando hasta dieciseisavos, es la importancia de un poco de esperanza que nos anime a seguir sonriendo.
Con el mundo colapsando, tener conciencia de los problemas estructurales, abusos de poder, guerras, genocidios y todos los demás sucesos desafortunados es de vital importancia, pero ¿qué hay cuando la mente ya está saturada de infortunios?
El sentir un gramo de esperanza cómo fue ese “¿y si si?” que levantando los ánimos de todos durante toda la participación de México en el mundial, la esperanza no son solo ilusiones vacías, es hasta necesaria para no caer en una melancolía profunda en estos tiempos tan duros, y aunque al final nuestro país fue eliminado, el sentir por un instante que podíamos llegar a la final, juntarnos para festejar, sentirnos más nacionalistas que nunca, eso ante tantas catástrofes ocurriendo hoy en día también es un acto de resistencia.
No me malentiendan, ignorar los problemas en el mundo no es la solución, ni tampoco seguir con una actitud individualista de “Si no me afecta no tiene porque importarme”, los problemas son reales y están ahí; Si en nuestro poder no está el ayudar, tiene que estar como mínimo estar informados de ello.
Pero gozar de las pequeñas cosas buenas de la vida también es válido y necesario.
Gritos y porras resonando, familias juntándose, banderas de México, enemigos volviéndose amigos, esas son cosas que no pasan todos los días y disfrutar de ellas no te convierte en un egoísta, te vuelve humano.
También es resiliencia que no se nos borre la sonrisa y encontrar la calma en medio de estos hechos fatales, que no solo nos afectan socialmente, la herida que dejan incluso en nuestra salud mental es igual de profunda.
El ser consciente no tiene por qué estar peleado con disfrutar de los festejos,celebrar los pequeños triunfos y mostrar afición. Encontrar un equilibrio entre ambos, siempre desde el respeto y la prudencia, es una forma acertada de vivir.
