Zoe Portuguez
comunicación y periodismo
Ser mujer, un miedo real cuando vives en México.
El feminicidio es la manifestación más extrema del machismo, misoginia y sistema patriarcal que existe en nuestro país. Según datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP) en lo que va del 2026, se han registrado más de 400 casos catalogados como feminicidios.
Aunque se trata de un suceso recurrente, gran parte de la población en México aún no sabe qué diferencia existe entre un homicidio y un feminicidio. La ignorancia puede ser muy peligrosa, sobre todo cuando se trata de casos tan delicados y frecuentes.
El feminicidio va más allá de quitarle la vida a una persona. Se trata de un crimen brutal por razones de género, contextos de desigualdad entre un hombre y una mujer o subordinación sistemática.
Algunas señales para detectar que se trata de un crimen de odio en razón de género pueden ser: Es brutalmente violento, la víctima presenta indicios de algún tipo de violencia sexual, existen antecedentes, había algún tipo de relacion de confianza con el agresor, existieron amenazas previas al crimen o la victima fue expuesta en algun lugar publico.
Cabe señalar que no es necesario que se presenten todas estas circunstancias para que un caso sea investigado como feminicidio. Cada caso debe analizarse de manera particular.
Es importante analizar esta información y no pensar erróneamente que estos crímenes no tienen relación con el género, que se tratan únicamente de “relaciones tóxicas” o culpar a las mujeres por ponerse en esas situaciones.
Tenemos que comprender que hay todo un sistema detrás de ellos. Si no comprendemos esto, seguiremos perpetuando esta violencia patriarcal.
Culpar primero a la víctima por “no salir de ahí antes”, por su forma de vestir o por el lugar donde estaba, también es una forma de fomentar esta violencia.
¿Por qué culpamos a la mujer por ser asesinada y no al hombre que la asesinó?
Es frustrante pensar que, incluso después de ser víctimas de un suceso tan brutal tengamos que enfrentarnos a juicios y revictimización constante.
El feminicidio puede ocurrir en diversos contextos, por lo que no pretendo limitarlo a uno solo, sin embargo, me gustaría abordar un caso particular: cuando una relación romántica termina en feminicidio.
Cuando esto sucede se cuestiona popularmente: ¿Por qué escogió un mal hombre? o ¿Por qué no salió de esa relación antes?
¿Por qué la culpa siempre apunta a ella? ¿Es realmente culpa de la mujer?
Desde la infancia estamos rodeadas de historias de amor, buenas o malas, y la sociedad nos entrena para hacer del romance una parte central de nuestras vidas.
Junto a estas historias, también aprendemos un conjunto de creencias sobre lo que debemos estar dispuestas a hacer por amor. Aprendemos que amar significa aguantar, que necesitamos de un hombre para poder estar bien y que, cuanto más complacientes somos, más posibilidades tenemos de mantener a un hombre a nuestro lado. Estas y otras ideas, lejos de ayudarnos, nos terminan perjudicando.
Claro que los tiempos ya no son los mismos y sabemos que podemos ser independientes como mujeres, pero un sistema entero no va a cambiar de la noche a la mañana, menos en un país como México, donde estas creencias siguen formando parte de la vida cotidiana.
Estas creencias pueden influir en que una mujer permanezca en un vínculo abusivo, a lo que se suman factores sociales, económicos y culturales que pueden aumentar su vulnerabilidad.
Los feminicidios no son hechos aislados, sino que forman parte de una problemática estructural que, además de poner a las mujeres en situaciones vulnerables, las expone a la culpabilización por la violencia que sufren.
No se trata de una lucha entre hombres y mujeres, se trata de unirnos para ser conscientes de este sistema y erradicarlo con cada pequeña acción.
Desde hacer comentarios machistas y misóginos, hasta justificar o solapar a amigos que ejercen violencia, ignorar estas situaciones o culpar a una mujer por la violencia que ha sufrido, todas estas acciones contribuyen a perpetuar el sistema patriarcal.
Por supuesto hay cosas que lamentablemente escapan de nuestras manos, como la justicia en nuestro país, que no siempre es beneficiosa. Sin embargo, es importante que, como sociedad, tomemos conciencia de qué estamos haciendo mal y que no permanezcamos callados ante estas situaciones.
Ninguna mujer merece ser juzgada por las circunstancias de su muerte. Dejar de culpar a las víctimas no resolverá por sí solo el problema, pero es indispensable para dejar de reproducir la violencia que decimos querer erradicar.

