septiembre 23, 2026 |
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Un planeta “rebelde” desafía las reglas de formación planetaria

Redacción El Monitor

Astrónomos identificaron un exoplaneta con una característica que desafía los modelos convencionales sobre la formación de sistemas planetarios: GJ 3090 b se desplaza alrededor de su estrella en sentido contrario a la rotación de ésta, es decir, presenta una órbita retrógrada.

El hallazgo fue realizado por un equipo internacional encabezado por investigadores de la Universidad de Ginebra, con participación del Instituto de Astrofísica de Canarias, mediante observaciones realizadas con el espectrógrafo infrarrojo NIRPS, instalado en el telescopio de 3.6 metros del Observatorio de La Silla, en Chile. Los resultados fueron publicados en septiembre de 2026 en la revista Astronomy & Astrophysics.

GJ 3090 b es un planeta de tipo subneptuno, con un radio aproximadamente 2.2 veces mayor que el de la Tierra y una masa equivalente a unas 4.5 veces la de nuestro planeta. Su estrella anfitriona, GJ 3090, es una enana roja, un tipo de estrella más pequeña y fría que el Sol. El sistema se encuentra aproximadamente a 73 años luz de la Tierra.

Lo extraordinario está en su movimiento. La mayoría de los planetas se forman a partir del mismo disco de gas y polvo que rodea a una estrella joven, por lo que se espera que sus órbitas mantengan una orientación y dirección de movimiento relacionadas con la rotación estelar. En este caso, GJ 3090 b presenta una inclinación orbital de aproximadamente 136 grados, lo que significa que su movimiento es retrógrado respecto de la rotación de su estrella.

La configuración resulta todavía más desconcertante porque los investigadores no encontraron evidencia de un objeto masivo, como otra estrella, un planeta gigante o una enana marrón, que pudiera haber alterado gravitacionalmente la órbita del planeta y explicar su comportamiento.

En otros sistemas planetarios, la presencia de un cuerpo masivo puede provocar cambios importantes en las órbitas a lo largo de millones de años. En GJ 3090, sin embargo, la ausencia de un compañero de esas características obliga a los científicos a considerar otras explicaciones para entender cómo el planeta terminó siguiendo una trayectoria prácticamente invertida.

Una de las hipótesis planteadas es que la estrella pudo haber incorporado en algún momento un segundo disco de material con una orientación diferente y movimiento retrógrado, a partir del cual posteriormente se formaron los planetas. Esta explicación todavía es una hipótesis y requiere más observaciones para determinar si puede explicar la arquitectura completa del sistema.

El descubrimiento también destaca la importancia de estudiar sistemas alrededor de enanas rojas, que son las estrellas más comunes de la Vía Láctea. Hasta ahora, GJ 3090 b es el primer planeta identificado alrededor de una estrella de este tipo con una órbita retrógrada, lo que ofrece una oportunidad para estudiar mecanismos de formación y evolución planetaria que no aparecen claramente en nuestro propio Sistema Solar.

Para determinar esta geometría orbital fue fundamental NIRPS, un instrumento capaz de realizar mediciones extremadamente precisas en el infrarrojo. Los investigadores pudieron estudiar la relación entre el plano orbital del planeta y el eje de rotación de su estrella, una información difícil de obtener para mundos relativamente pequeños y distantes.

El hallazgo se suma a la creciente evidencia de que los sistemas planetarios pueden ser mucho más variados de lo que sugieren las características del Sistema Solar. La NASA contabilizaba 6 mil 366 planetas confirmados en su archivo de exoplanetas al 11 de septiembre de 2026, una cifra que continúa aumentando conforme nuevos instrumentos permiten estudiar sistemas cada vez más distantes y complejos.

GJ 3090 b representa, por ello, algo más que un planeta que parece viajar “a contracorriente”. Su órbita plantea una pregunta fundamental para la astronomía: ¿cómo puede un planeta adquirir una trayectoria tan diferente de la rotación de la estrella alrededor de la cual se formó?

La respuesta podría ayudar a los científicos a comprender mejor cómo nacen los sistemas planetarios, cómo evolucionan sus órbitas y qué procesos pueden alterar su arquitectura durante millones o incluso miles de millones de años.