Claudia Zavala Martínez
Estado de México.- Para miles de personas que diariamente caminan hacia el trabajo, la escuela, el transporte público o sus hogares, una calle en malas condiciones no representa solamente un problema de imagen urbana: puede convertirse en un obstáculo para la movilidad, especialmente para peatones, adultos mayores, personas con discapacidad y quienes se desplazan con carriolas o bicicletas.
La exigencia de contar con calles pavimentadas, sin baches y con infraestructura peatonal adecuada pone sobre la mesa una de las tareas pendientes de los gobiernos municipales y estatal: mantener en condiciones funcionales la red vial y garantizar que las personas puedan desplazarse de manera segura.

Los datos oficiales muestran la magnitud de la infraestructura que debe conservarse. La Junta de Caminos del Estado de México reporta que tiene bajo su responsabilidad 4,326.67 kilómetros de infraestructura vial primaria libre de peaje. De ese total, 4,032.97 kilómetros están pavimentados, mientras que 293.70 kilómetros son caminos revestidos.
Esto significa que alrededor del 93.2% de esa red está pavimentada, pero también que casi 300 kilómetros no cuentan con pavimento, de acuerdo con la clasificación de la propia Junta de Caminos. La cifra, además, corresponde a la red primaria estatal y no representa todas las calles existentes en los 125 municipios mexiquenses.
El problema no termina con poner asfalto
Uno de los principales retos es diferenciar entre pavimentar una calle y mantenerla en condiciones adecuadas para transitar. Una vialidad puede contar con carpeta asfáltica y, al mismo tiempo, presentar baches, hundimientos, grietas, falta de señalización, banquetas deterioradas o problemas de drenaje.

En su evaluación de resultados de 2025, el Gobierno del Estado de México estableció como indicador la rehabilitación de la estructura y superficie de rodamiento de la red vial primaria estatal. Para ese ejercicio, la Junta de Caminos estimó rehabilitar 100 kilómetros, equivalentes al 2.31% de los 4,326.67 kilómetros que integran esa red.
El dato permite dimensionar el desafío: aun cuando una vialidad ya esté pavimentada, requiere mantenimiento periódico para evitar que el deterioro termine convirtiéndose en un problema mayor y más costoso.
Municipios, otra pieza del problema
La situación es todavía más compleja cuando se habla de calles urbanas. La infraestructura vial primaria estatal no debe confundirse con las calles de competencia municipal. La propia documentación estadística de INEGI señala que la infraestructura vial local fue trasladada a los municipios, mientras que la Junta de Caminos mantiene jurisdicción sobre la infraestructura vial primaria libre de peaje.
Por ello, cuando habitantes reclaman pavimentación o reparación de una calle, la primera pregunta que deben responder las autoridades es quién tiene competencia sobre esa vialidad.

El problema también tiene una dimensión histórica. Un inventario de INEGI reportó para el Estado de México 15,123 kilómetros de infraestructura carretera, de los cuales 6,565 kilómetros correspondían a carreteras pavimentadas, 5,049 a caminos rurales y carreteras revestidas y 3,509 a vialidades urbanas. Aunque estos datos corresponden a un inventario histórico y no deben presentarse como una fotografía actual, muestran desde entonces la enorme dimensión de la red que requiere conservación.
Hay obras, pero la demanda continúa
Durante 2026, la Junta de Caminos registra obras de rehabilitación en vialidades de municipios como Ecatepec, Tecámac, Nezahualcóyotl, Tultitlán, Coacalco, Naucalpan, Cuautitlán, Melchor Ocampo y Tlalnepantla, entre otros.
Entre las vialidades intervenidas se encuentran la Vía Morelos, Avenida Central, Vialidad Mexiquense, Primero de Mayo-Vía Luis Donaldo Colosio, Cuautitlán-Zumpango y Vía Gustavo Baz.
La existencia de estas obras evidencia que el mantenimiento vial es una tarea permanente, pero también explica por qué la demanda ciudadana no desaparece: la extensión de la red hace imposible resolver el deterioro de todas las calles de manera simultánea.
Más que una cuestión estética
Para los peatones, una calle deteriorada puede obligar a caminar por el arroyo vehicular, esquivar baches o buscar rutas alternativas. Cuando además existen banquetas rotas, inexistentes u obstruidas, el riesgo aumenta.
Por eso, la discusión sobre calles “perfectamente pavimentadas” debería ampliarse: una vialidad verdaderamente funcional no es solamente una superficie de asfalto, sino un espacio con pavimento en buen estado, drenaje, banquetas accesibles, iluminación, señalización y condiciones que permitan convivir de manera segura a peatones, ciclistas, motociclistas, automovilistas y transporte público.
El reclamo ciudadano, en ese sentido, no se limita a pedir una calle nueva. Se trata de exigir mantenimiento continuo, transparencia sobre los recursos destinados a las obras y claridad sobre qué autoridad es responsable de atender cada vialidad.
En un estado con una red primaria de más de 4,300 kilómetros, el desafío no es solamente pavimentar: es evitar que las calles que hoy están en condiciones aceptables vuelvan a deteriorarse mañana.






