Redacción El Monitor
Internacional. La salida de los observadores internacionales del Sáhara Occidental abre un nuevo escenario de incertidumbre en el norte de África, donde crece la preocupación por un posible recrudecimiento de los enfrentamientos entre Marruecos y el movimiento independentista Frente Polisario.
Naciones Unidas puso en marcha el proceso de desmantelamiento de la Misión para el Referéndum del Sáhara Occidental (MINURSO), luego de que su Consejo de Seguridad no consiguiera renovar el mandato de la operación, establecida en 1991 para supervisar el alto
La decisión se produjo después de un enfrentamiento diplomático entre Estados Unidos y Rusia, cuyos vetos impidieron que prosperara la resolución impulsada por Washington. La propuesta estadounidense planteaba que el plan de autonomía presentado por Marruecos fuera la principal referencia para las negociaciones, postura rechazada por Moscú y cuestionada por el Frente Polisario.
Durante más de tres décadas, la MINURSO mantuvo presencia en la zona como parte de los esfuerzos internacionales para contener las hostilidades, aunque nunca consiguió concretar el referéndum previsto. La situación se volvió más delicada desde noviembre de 2020, cuando se rompió el alto el fuego entre las partes y comenzaron nuevamente los enfrentamientos de baja intensidad.
El retiro de los efectivos de Naciones Unidas genera preocupación debido a que su presencia también funcionaba como mecanismo de vigilancia y alerta sobre los movimientos militares en la región. Sin estos observadores, existe el riesgo de que aumenten las operaciones armadas y que las tensiones se extiendan hacia países vecinos, particularmente Mauritania y Argelia.
Ante este panorama, el secretario general de la ONU, António Guterres, pidió a los involucrados colaborar para garantizar una retirada ordenada y evitar acciones que puedan agravar el conflicto. Asimismo, reiteró que el organismo internacional continuará disponible para impulsar una salida política que respete el derecho del pueblo saharaui a decidir su futuro.
La desaparición de esta misión representa un cambio importante en la intervención internacional sobre el Sáhara Occidental y deja en incertidumbre los mecanismos de supervisión de una disputa territorial que permanece sin resolverse desde hace décadas.






