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octubre 12, 2026 |
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Glaciares de Europa pierden masa por el calentamiento global; alertan por riesgos para el agua

Los Alpes registran un retroceso acelerado del hielo, mientras la reducción de nieve y las temperaturas extremas agravan los impactos ambientales

Redacción El Monitor

Los glaciares de Europa continúan perdiendo masa debido al calentamiento global, una tendencia que amenaza las reservas de agua dulce, altera los ecosistemas de montaña y aumenta los riesgos de inundaciones y deslizamientos. El fenómeno afecta especialmente a los Alpes, una de las regiones del mundo donde los glaciares se están reduciendo con mayor rapidez.

De acuerdo con el informe Estado del clima en Europa 2025, publicado en abril de 2026 por el Servicio de Cambio Climático de Copernicus y la Organización Meteorológica Mundial (OMM), los glaciares de todas las regiones europeas registraron pérdidas netas de masa durante 2025, con excepción de algunas zonas del norte de Escandinavia. Islandia experimentó su segunda mayor pérdida glaciar desde 1976.

El reporte también documentó una disminución de 31 por ciento en la cubierta de nieve europea respecto al promedio de referencia. La combinación de inviernos con menor acumulación de nieve y temperaturas elevadas durante la primavera y el verano favorece el derretimiento del hielo y dificulta la recuperación de los glaciares.

Los Alpes, entre las regiones más afectadas

Los glaciares alpinos son fundamentales para el equilibrio ambiental de Europa. Alimentan ríos y lagos, contribuyen al suministro de agua para consumo humano y agricultura, y participan en la generación de energía hidroeléctrica.

Sin embargo, la pérdida de hielo modifica el comportamiento de los caudales: el deshielo puede aumentar temporalmente la disponibilidad de agua, pero, conforme disminuyen las reservas glaciares, algunas regiones pueden enfrentar una menor aportación durante las temporadas cálidas y secas.

La Comisión Europea advierte que cerca de 40 por ciento del agua dulce de Europa procede de los Alpes. Por ello, los cambios en la dinámica de la nieve y los glaciares pueden contribuir a episodios de escasez hídrica, especialmente cuando coinciden con sequías y una mayor demanda de agua.

Aumentan los riesgos en las zonas montañosas

El retroceso glaciar también modifica la estabilidad de los terrenos. A medida que el hielo desaparece, quedan expuestas pendientes rocosas y depósitos de materiales que pueden volverse inestables. En determinadas condiciones, estos cambios favorecen desprendimientos, deslizamientos y la formación de lagos glaciares cuyo desbordamiento representa un peligro para las comunidades situadas aguas abajo.

Los impactos alcanzan además a la biodiversidad y al turismo. Los paisajes de alta montaña experimentan transformaciones que afectan los hábitats de especies adaptadas al frío y las actividades económicas vinculadas con el esquí y el turismo de naturaleza.

Una tendencia que continuará durante el siglo XXI

Las proyecciones científicas indican que los glaciares europeos seguirán perdiendo masa durante el siglo XXI, incluso bajo escenarios de menores emisiones de gases de efecto invernadero. La velocidad del retroceso dependerá, entre otros factores, de la evolución de las temperaturas y de la cantidad de nieve que se acumule cada invierno.

La pérdida de hielo también contribuye al aumento del nivel del mar, aunque el efecto de los glaciares de montaña debe distinguirse del correspondiente a las grandes capas de hielo de Groenlandia y la Antártida.

Los especialistas subrayan la importancia de vigilar los glaciares mediante mediciones de campo y observaciones satelitales, además de mejorar la gestión del agua y los sistemas de alerta en regiones montañosas.

El retroceso de los glaciares europeos constituye una señal visible del cambio climático y plantea un desafío de largo plazo: proteger las reservas de agua, reducir las emisiones contaminantes y adaptar las comunidades a un entorno en el que el hielo permanente es cada vez menos abundante.