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octubre 9, 2026 |
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Estudiantes franceses denuncian escuelas deterioradas y aulas saturadas

(Agencias)

Ratas en los baños, techos con goteras y sistemas de calefacción averiados. Los videos grabados por estudiantes franceses que circulan actualmente en redes sociales documentan infraestructuras en mal estado en numerosos centros educativos del país.

Las grabaciones se han convertido en un símbolo de las protestas escolares a nivel nacional. En sus manifestaciones, los jóvenes también se quejan de clases saturadas y de un alto número de clases canceladas.

Francia invierte el 6,7 por ciento del producto interno bruto (PIB) en educación, una cifra elevada en comparación con el resto de Europa. El hecho de que estas inversiones no se traduzcan en mejores condiciones de aprendizaje, probablemente tenga que ver con las competencias.

El Estado central, dirigido desde París, se encarga principalmente de pagar a los docentes y de establecer los planes de estudio a nivel nacional para todos los tipos de escuelas. Por otro lado, el mantenimiento de los edificios es responsabilidad de los municipios en el caso de las escuelas primarias, de los departamentos en el de los colegios (secundaria I) y de las regiones en el de los liceos (secundaria II).

Más del 80 por ciento de los edificios de escuelas primarias en Francia tienen más de 50 años; se estima que entre el 10 y el 20 % de todos los edificios escolares necesita una renovación urgente. En muchos casos, los responsables políticos están al tanto de esta situación. La región Île-de-France ha aprobado un programa de renovación y ampliación por un monto de 6.600 millones de euros para el período de 2017 a 2027.

Según datos del Gobierno regional, dos tercios de los estudiantes de secundaria ya asisten a una escuela nueva o renovada. Un reto pendiente sigue siendo la protección eficaz contra el calor del verano.

Se observa un desequilibrio en el gasto corriente en educación. Si bien en Francia se destina una cantidad relativamente elevada de dinero a la educación secundaria, según cálculos de la OCDE, París invierte menos por alumno de primaria que el promedio de los países industrializados. Los investigadores en educación señalan que es precisamente en estos años cuando se sientan las bases para el éxito escolar futuro.

Los gobiernos del presidente Emmanuel Macron han intentado contrarrestar esta situación. Desde 2017, en las zonas socialmente desfavorecidas se ha reducido a la mitad el tamaño de las clases para los primeros años de la primaria y se han creado alrededor de 16.000 puestos de maestros adicionales.

Los últimos resultados del influyente estudio internacional PISA, de septiembre de 2026, ponen de manifiesto la gravedad de los problemas actuales en el sistema educativo.

La reforma de Macron para el ciclo superior de la preparatoria también es objeto de críticas. La elección individualizada de materias de especialización tenía como objetivo brindar más libertad a los estudiantes. Sin embargo, las numerosas combinaciones de materias complican la planificación del horario. Los jóvenes se quejan de jornadas escolares más largas.

Los problemas también se extienden a las universidades. Una profesora de una universidad parisina cuenta que, en un seminario con 50 estudiantes, estos tienen que traer sillas de salones contiguos o sentarse en el piso.

El Tribunal de Cuentas calculaba un nueve por ciento de clases perdidas en los colegios públicos durante el curso 2023/24. Apenas un 12 % de las horas canceladas a última hora son sustituidas por otros maestros, según sugiere un estudio del año escolar 2024/25.

La baja remuneración de los maestros franceses, en comparación con la de los países vecinos, se considera otro problema. Según datos de la OCDE, los maestros franceses de los colegios, tras 15 años de carrera, ganan alrededor de la mitad de lo que ganan sus colegas alemanes.

Francia se enorgullece de un modelo educativo republicano que tiene como objetivo brindar las mismas oportunidades a todos los niños, sin importar su origen. Sin embargo, en la realidad, el éxito educativo en Francia depende, en gran medida, del origen social de los padres. Los niños de familias más pobres también se ven afectados con mucha más frecuencia por la suspensión de clases.