Claudia Zavala Martínez
Toluca, Estado de México.- El teléfono celular se ha convertido en una herramienta cotidiana para niñas, niños y adolescentes mexiquenses. Sirve para comunicarse, estudiar, consultar información y entretenerse, pero su uso también abre la puerta a riesgos digitales que requieren mayor acompañamiento de familias, escuelas y autoridades.
La dimensión del fenómeno puede observarse a nivel nacional. De acuerdo con la ENDUTIH 2025 del INEGI, 84.6% de la población de seis años y más utilizó teléfono celular durante ese año, mientras que 97.3% de las personas usuarias de internet se conectó mediante un teléfono inteligente. La encuesta genera información con desglose por entidad federativa, incluido el Estado de México.
En el caso de adolescentes, la conectividad es todavía mayor. UNICEF México señala que más de 95% de los adolescentes utiliza internet, con un promedio de entre 2.6 y 4.5 horas diarias conectados. Esto significa que el celular dejó de ser únicamente un dispositivo de comunicación y se convirtió en una de las principales puertas de entrada de los menores al entorno digital.
El problema surge cuando el acceso ocurre sin orientación suficiente. Redes sociales, videojuegos, plataformas de mensajería y otras aplicaciones pueden exponer a los menores a ciberacoso, contacto con desconocidos, robo de información, suplantación de identidad, extorsión y difusión de fotografías o videos sin consentimiento.
El Módulo sobre Ciberacoso 2024 del INEGI reportó que 23% de los adolescentes mexicanos de 12 a 17 años que utilizan internet experimentó alguna forma de ciberacoso. UNICEF traduce esa proporción en aproximadamente 2.9 millones de adolescentes afectados durante los últimos 12 meses considerados por la medición.
En el Estado de México, la propia Secretaría de Seguridad cuenta con recomendaciones específicas de ciberseguridad para las familias. Entre ellas se encuentra utilizar controles parentales cuando los dispositivos sean empleados por niños, mantener actualizado el sistema operativo, descargar aplicaciones únicamente de tiendas oficiales y activar mecanismos de bloqueo y localización del teléfono.
Las autoridades mexiquenses también han advertido sobre situaciones de acoso de menores mediante tecnologías de la información, que pueden incluir solicitudes de imágenes, audios o videos de carácter sexual. Entre las recomendaciones oficiales se encuentra limitar el acceso de menores pequeños a redes sociales y dispositivos, vigilar los perfiles utilizados en videojuegos, mantener configuraciones de privacidad y evitar publicar información sobre domicilios, escuelas o lugares que frecuentan.
Otro de los riesgos que ha cobrado relevancia es la violencia sexual facilitada por la tecnología. Un estudio de UNICEF, ECPAT International e INTERPOL publicado en 2026 encontró que uno de cada ocho adolescentes usuarios de internet en México sufrió explotación o abuso sexual facilitado por tecnologías digitales, equivalente a alrededor de 1.6 millones de menores. En casi dos de cada tres casos, la víctima conocía a la persona agresora.
El escenario también plantea un desafío para las escuelas. El celular puede ser utilizado como herramienta educativa, pero su presencia constante puede generar distracciones y dificultades para establecer límites entre las actividades académicas y el entretenimiento. Por ello, el debate no se reduce a permitir o prohibir los dispositivos, sino a establecer reglas claras de uso, horarios, privacidad y mecanismos de protección.
Para madres, padres y tutores, especialistas recomiendan mantener una comunicación abierta con los menores, conocer las aplicaciones que utilizan, revisar las configuraciones de privacidad y explicarles que no deben compartir fotografías, contraseñas, ubicación, domicilio o información personal con desconocidos. UNICEF también recomienda establecer acuerdos familiares sobre cuándo y dónde pueden utilizar los dispositivos.
El desafío para el Estado de México es acompañar el crecimiento de la conectividad con educación digital y mecanismos de prevención. Los celulares forman parte de la vida cotidiana de las nuevas generaciones y pueden ofrecer importantes beneficios; sin embargo, su utilización requiere que niñas, niños y jóvenes conozcan los riesgos y sepan dónde acudir cuando una interacción digital se convierte en una amenaza.
Más que considerar al teléfono celular como un enemigo, el reto consiste en lograr que la tecnología esté al servicio de la niñez y no que la niñez quede expuesta a los riesgos de la tecnología.






