septiembre 28, 2026 |
16°C Nublado

Telarañas de cables: un riesgo que crece en las calles y sigue sin solución

Claudia Zavala Martínez

Estado de México.- Cables de telefonía, internet, televisión y energía eléctrica que cuelgan de postes, se cruzan entre calles y forman auténticas “telarañas” se han convertido en parte del paisaje urbano, pero también en un riesgo para peatones, motociclistas, automovilistas y vecinos que diariamente tienen que transitar por estas zonas.

El problema no se limita a la saturación del cableado. En distintos puntos pueden observarse líneas a baja altura, cables desprendidos o enredados, postes inclinados y estructuras que han resultado dañadas por vehículos de carga y unidades de grandes dimensiones. En algunos casos, después de un incidente, los desperfectos permanecen sin atención durante días, mientras los habitantes esperan una respuesta.

Los camiones de carga y tráileres representan uno de los factores que pueden agravar la situación. Al circular por calles donde existen cables a una altura inadecuada, una unidad pesada puede engancharlos y provocar que sean jalados o desprendidos, afectando postes, conexiones y otras líneas instaladas en la misma zona.

Cuando esto ocurre, el daño puede extenderse a varios metros de infraestructura y dejar cables colgando sobre la vialidad. El riesgo aumenta cuando no existe una intervención inmediata para delimitar el área y verificar si alguna de las líneas corresponde a una instalación eléctrica.

Luz, vecina de la zona, señaló que la presencia constante de cables sueltos genera preocupación entre quienes caminan por las calles.

“Es un peligro, porque uno no sabe si alguno de esos cables tiene corriente o si en cualquier momento puede caer sobre una persona o un vehículo”, expresó.

Para Magdalena, la situación ha dejado de ser un problema menor y se ha convertido en una molestia para quienes han solicitado atención sin obtener una solución definitiva.

“Estamos hartos de ver los cables así. Se reportan y pasan los días, pero nadie viene a solucionar nada”, afirmó.

La acumulación de líneas también dificulta identificar a los responsables. En un mismo poste pueden coexistir instalaciones de diferentes compañías de telefonía, internet y televisión, además de infraestructura relacionada con la Comisión Federal de Electricidad (CFE).

Esta diversidad de operadores puede complicar la atención cuando un cable queda fuera de servicio, se desprende o resulta afectado por un accidente. Para los vecinos, sin embargo, la distinción entre empresas resulta secundaria cuando una línea permanece en la calle y representa un obstáculo o un riesgo.

Claudia, otra de las habitantes consultadas, consideró que la solución debe contemplar una revisión integral y no únicamente reparaciones aisladas.

“No estamos pidiendo algo imposible; simplemente queremos que retiren los cables que ya no sirven y que arreglen los que están dañados. No tenemos que esperar a que alguien resulte lastimado”, sostuvo.

A los cables se suma el deterioro de algunos postes. Cuando una estructura es golpeada por un vehículo pesado, puede quedar inclinada, fracturada o con daños en su base. El peso de las líneas instaladas puede aumentar la presión sobre el poste y generar condiciones que requieren una revisión especializada.

Serafín señaló que los daños ocasionados por vehículos de grandes dimensiones no siempre son atendidos con la rapidez que requieren.

“Pasa un camión, se lleva los cables, rompe o mueve el poste y después todos se pasan la responsabilidad. Mientras tanto, somos los vecinos los que tenemos que vivir con el peligro”, afirmó.

El riesgo también alcanza a motociclistas y ciclistas, quienes pueden encontrarse con cables atravesados o a una altura reducida. Para los peatones, una línea desprendida puede convertirse en un obstáculo difícil de advertir, especialmente durante la noche o en calles con poca iluminación.

Las condiciones meteorológicas pueden agravar el problema. Lluvias intensas, fuertes vientos o la caída de árboles pueden ejercer presión adicional sobre redes que ya presentan deterioro. Una estructura previamente dañada puede terminar cediendo y afectar otros servicios o la circulación.

Otro aspecto señalado por los habitantes es la existencia de cableado que aparentemente ya no se utiliza. Con la expansión de los servicios de telecomunicaciones, las empresas han instalado nuevas redes, mientras que parte de la infraestructura anterior permanece en postes y fachadas. El resultado es una acumulación progresiva de líneas que dificulta las labores de mantenimiento.

Ante un cable caído, los vecinos deben evitar tocarlo o intentar retirarlo por cuenta propia, particularmente cuando existe la posibilidad de que forme parte de una instalación eléctrica. La recomendación es mantener distancia y realizar el reporte correspondiente a las autoridades o a la empresa responsable.

El problema plantea además un desafío de coordinación. Municipios, CFE y compañías de telecomunicaciones requieren mecanismos eficaces para determinar quién debe intervenir cuando una red resulta dañada, así como para retirar infraestructura en desuso y mantener las instalaciones dentro de condiciones adecuadas de seguridad.

Los habitantes consideran que también debe existir mayor vigilancia sobre las vialidades utilizadas por vehículos de carga, especialmente en zonas donde los daños al cableado se han convertido en un problema recurrente. Una unidad de grandes dimensiones puede ocasionar afectaciones que van más allá de un solo cable y comprometer varios servicios.

La problemática de las llamadas “telarañas” de cableado refleja así una combinación de crecimiento urbano, infraestructura saturada, falta de mantenimiento y daños provocados por vehículos. Para quienes viven en estas zonas, la discusión no se reduce a quién pertenece cada línea, sino a quién debe actuar cuando existe un riesgo en la vía pública.

Luz, Magdalena, Claudia y Serafín coinciden en que no se debe esperar a que ocurra un accidente para intervenir. Su reclamo es que se retiren las líneas en desuso, se reparen los daños y se establezcan responsabilidades claras.

Por ahora, las “telarañas” continúan sobre las calles como una advertencia visible. El desafío para autoridades y empresas será atenderlas antes de que un desperfecto termine convertido en una emergencia.