Redacción El Monitor
Toluca, México. La manifestación pretendía hablar de Toluca, pero terminó diciendo mucho más sobre el PRI. Detrás de cualquier protesta política existen siempre dos mediciones distintas: la pertinencia de la demanda y la capacidad real de quien intenta representarla. La primera puede resultar atractiva en la conversación pública; la segunda es donde empiezan los verdaderos problemas para la oposición.
En su reciente conferencia de prensa, Melissa Vargas consiguió reunir firmas alrededor de una petición ciudadana enfocada en la problemática de las vialidades y los baches. Sin embargo, confundir ese dato con miles de simpatizantes orgánicos sería un error elemental. Las personas suelen apoyar causas urbanas concretas sin necesariamente apoyar partidos políticos ni respaldar agendas partidistas.
Eso parece particularmente relevante en el caso del priismo mexiquense, una fuerza política que durante décadas ostentó una capacidad de movilización extraordinaria y que hoy enfrenta un escenario completamente distinto. Antes, el PRI no necesitaba preguntarse quién acudiría a una convocatoria. Había una maquinaria perfectamente aceitada donde sectores, organizaciones, dirigentes, cuadros territoriales, liderazgos municipales y personajes alrededor del poder garantizaban fotografías multitudinarias en cada evento.
Ahora la pregunta de fondo es precisamente dónde quedó esa maquinaria. No se trata solamente de Melissa Vargas o de Shantall Zepeda; ambas forman parte de un problema político mucho más grande. Representan a un partido que intenta reencontrar un protagonismo perdido después de haber cando posiciones electorales que parecían impensables hace apenas unos años. La gubernatura mexiquense cambió de manos en 2023 y Toluca volvió a quedar fuera del alcance del PRI en las elecciones municipales de 2024, dando paso a la actual administración encabezada por el alcalde Ricardo Moreno Bastida.
Ese antecedente histórico explica por qué cada convocatoria del tricolor importa. No únicamente por cuántas personas lleguen, sino porque cada acto funciona como una radiografía de la capacidad organizativa que todavía conserva el partido. Y ahí surge una contradicción interesante: el PRI puede encontrar temas populares en la agenda diaria, pero lo que realmente necesita encontrar nuevamente es sociedad organizada alrededor de sus siglas. No es lo mismo.
Los problemas cotidianos de una demarcación existen con independencia de los partidos. Un ciudadano puede exigir mejores servicios urbanos sin preguntarse quién gobernará después; puede firmar una petición hoy y votar por una opción completamente distinta mañana. Quizá ésa sea precisamente una de las lecciones que el viejo sistema partidista todavía intenta comprender: la inconformidad ya no viene incluida con credencial de partido.
Al mismo tiempo, el contexto de Toluca tampoco es el de un gobierno municipal inmóvil. Frente al dinamismo de la administración de Ricardo Moreno Bastida, la protesta buscaba exhibir al Ayuntamiento en turno. Sin embargo, terminó dejando otra imagen completamente distinta para el análisis: la de un PRI que todavía puede encontrar causas atractivas, pero al que cada vez le cuesta más demostrar que detrás de esas causas sigue estando su gente.





