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Edomex: una violencia que mata a hombres y mujeres, pero de manera distinta

Claudia Zavala Martínez

Estado de México.— La violencia homicida continúa siendo uno de los principales problemas de seguridad pública en el Estado de México. Aunque los registros más recientes muestran una reducción en el número de asesinatos, la entidad permanece entre las que concentran la mayor cantidad de muertes violentas del país y mantiene una diferencia profunda entre la forma en que hombres y mujeres son víctimas de la violencia.

De acuerdo con las cifras preliminares del INEGI, durante 2025 se registraron 2 mil 575 defunciones por presunto homicidio en el Estado de México, colocándolo como la segunda entidad con más casos del país, únicamente detrás de Guanajuato, que contabilizó 3 mil 249. A nivel nacional fueron 27 mil 989 homicidios, una disminución frente a los 33 mil 550 registrados en 2024.

El descenso estatal también fue significativo. El Atlas de Homicidios de México reporta que en 2024 el Estado de México registró alrededor de 3 mil 200 homicidios, con Ecatepec como el municipio con mayor número de víctimas. Para ese año, el estudio identificó 2 mil 772 hombres y 397 mujeres asesinados en la entidad.

La diferencia por sexo resulta contundente. En 2024, aproximadamente 87 de cada 100 víctimas de homicidio en el Estado de México fueron hombres, mientras que cerca de 13 fueron mujeres. El patrón coincide con la tendencia nacional: en 2025 la tasa de homicidios fue de 38.4 por cada 100 mil hombres, frente a 4.7 por cada 100 mil mujeres.

Pero las cifras no significan que la violencia contra las mujeres sea menor en términos de gravedad. El problema tiene una característica adicional: una parte de los asesinatos de mujeres puede estar relacionada con violencia de género y ser investigada como feminicidio, delito que contempla circunstancias específicas vinculadas con razones de género. Por ello, homicidio doloso de una mujer y feminicidio no son categorías idénticas.

Los datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP) muestran la dimensión de esta violencia. Durante 2025 se iniciaron en el Estado de México 55 carpetas de investigación por feminicidio, frente a 73 en 2024. En cuanto a víctimas, fueron contabilizadas 56 mujeres en 2025, contra 76 durante 2024. Además, el SESNSP registró 172 mujeres víctimas de homicidio doloso en 2025, frente a 195 un año antes.

Esto revela una diferencia fundamental: mientras los hombres concentran la mayoría de las muertes violentas, las mujeres enfrentan además una violencia que puede ocurrir dentro de relaciones familiares, de pareja o en contextos asociados con desigualdad y violencia de género. El propio Gobierno federal define el feminicidio como una de las expresiones más extremas de la violencia contra las mujeres.

Otro elemento que explica la dimensión de la violencia homicida en el territorio mexiquense es el uso de armas de fuego. En 2024, de acuerdo con el Atlas de Homicidios, 72% de los hombres asesinados y 59% de las mujeres víctimas de homicidio fueron agredidos con armas de fuego. Además, la vía pública fue el principal escenario de los homicidios: alrededor de la mitad de los casos de hombres y poco más de un tercio de los de mujeres ocurrieron en ese espacio.

La concentración territorial también es relevante. En 2024, Ecatepec de Morelos registró 326 víctimas de homicidio, la cifra más alta entre los municipios mexiquenses. El mismo análisis identificó incrementos particularmente pronunciados en municipios como Xonacatlán, Zumpahuacán y Otumba. Nopaltepec, por su parte, presentó la tasa municipal más elevada, con 89 homicidios por cada 100 mil habitantes.

Sin embargo, existe un elemento que obliga a mirar las cifras con cautela. Los datos del INEGI y los del SESNSP no miden exactamente lo mismo. El INEGI construye sus estadísticas a partir de registros de defunciones, mientras que el Secretariado contabiliza carpetas y víctimas reportadas por las fiscalías. Esta diferencia metodológica puede producir cifras distintas. En el caso del Estado de México, un análisis reciente señaló una brecha considerable entre ambas fuentes para 2025.

El propio SESNSP explica que sus estadísticas de incidencia delictiva provienen de las carpetas de investigación iniciadas por las fiscalías estatales y que las bases de víctimas permiten desagregar información por entidad, sexo y edad. Por ello, para dimensionar la violencia contra hombres y mujeres es necesario evitar mezclar indiscriminadamente los registros de homicidio, feminicidio y defunciones.

La reducción registrada en 2025 representa un dato positivo, pero no significa que el problema esté resuelto. El Estado de México continúa apareciendo entre las entidades con mayor número absoluto de homicidios y mantiene focos municipales donde la violencia letal alcanza niveles preocupantes.

El dato de fondo es contundente: la violencia homicida mexiquense tiene rostro mayoritariamente masculino, pero la violencia letal contra las mujeres presenta características particulares que exigen ser analizadas desde la perspectiva de género. Mientras miles de hombres son asesinados principalmente en contextos de violencia criminal, las mujeres enfrentan además el riesgo de ser víctimas de violencia feminicida.

Por ello, reducir el número de homicidios no puede ser el único indicador para evaluar la seguridad en el Estado de México. La verdadera dimensión del problema también pasa por conocer quiénes son las víctimas, dónde ocurren los asesinatos, qué armas se utilizan, cuál es la relación con los agresores y cuántos casos llegan efectivamente a una sentencia.

En una entidad con más de 2 mil 500 homicidios registrados en un solo año, cada cifra representa una vida perdida y una familia afectada. La disminución estadística es importante, pero el desafío permanece: convertir la reducción de los asesinatos en una tendencia sostenida y garantizar que hombres y mujeres puedan vivir libres de violencia.