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El Edomex no está preparado para envejecer

El crecimiento de la población adulta mayor obliga a replantear las políticas de salud, vivienda, movilidad, cuidados y seguridad social

Envejecer con dignidad no puede depender del ingreso, de tener una familia que cuide o de vivir en una ciudad accesible

El Estado de México necesita una política integral para anticiparse a una realidad demográfica que ya está transformando a sus comunidades

Claudia Zavala Martínez

El Estado de México enfrenta una transformación demográfica que durante años ha avanzado de manera silenciosa: cada vez hay más personas mayores y las instituciones todavía no están preparadas para atender las necesidades de una población que envejece. El problema no es que los mexiquenses vivan más; el problema es que las políticas públicas, las ciudades, los sistemas de salud y las redes de cuidados no están avanzando al mismo ritmo.

La vejez sigue siendo abordada en buena medida desde una lógica asistencialista, como si llegar a los 60 o 65 años significara automáticamente convertirse en una persona dependiente. El reto es mucho mayor: se necesita construir un Estado que permita envejecer con autonomía, ingresos suficientes, vivienda adecuada, servicios de salud, movilidad y seguridad, sin que la edad se convierta en una condena al aislamiento o a la pobreza.

Una crisis que todavía no queremos mirar
Durante décadas, el Estado de México construyó ciudades pensando principalmente en una población joven y económicamente activa. Hoy esa realidad está cambiando.

Las familias son más pequeñas, la esperanza de vida aumenta y cada vez son más las personas que llegan a edades avanzadas. Al mismo tiempo, miles de hogares enfrentan dificultades para cuidar a sus padres, abuelos o familiares mayores.

¿Quién cuidará a los adultos mayores cuando las familias ya no puedan hacerlo?

Ésta es una de las preguntas que el Estado de México tendrá que responder con urgencia.

No basta con entregar apoyos económicos. Son necesarios servicios públicos de cuidado, atención médica especializada, centros de día, acompañamiento psicológico, rehabilitación, transporte accesible y programas que permitan a las personas mayores mantenerse activas e integradas a sus comunidades.

Envejecer no debe significar empobrecerse
Para una parte de la población, la vejez llega acompañada de una reducción significativa de ingresos.

Personas que trabajaron durante décadas pueden llegar a la tercera edad sin una pensión suficiente, sin ahorros y dependiendo económicamente de sus hijos. Para quienes además rentan una vivienda o viven en condiciones precarias, la situación puede convertirse rápidamente en un problema de supervivencia.

Por eso, hablar de una vejez digna también significa hablar de vivienda.

Una persona mayor no debería tener que elegir entre pagar la renta, comprar medicamentos o alimentarse adecuadamente.

Las políticas de vivienda deben considerar las necesidades específicas de esta población: hogares accesibles, seguros, cercanos a servicios, transporte y centros de salud, así como programas de adaptación de viviendas para evitar accidentes y pérdida de autonomía.

Ciudades que expulsan a sus adultos mayores
Caminar por muchas calles del Estado de México es enfrentarse a banquetas destruidas, obstáculos, falta de rampas, cruces peligrosos y transporte público poco accesible.

Para una persona joven, un escalón puede ser una molestia. Para una persona mayor con movilidad reducida puede significar quedarse encerrada en casa.

Una ciudad que no puede ser recorrida por sus adultos mayores tampoco es una ciudad verdaderamente incluyente.

El reto implica rediseñar el espacio público: banquetas accesibles, cruces seguros, iluminación, transporte adecuado, áreas verdes, bancos para descansar y servicios básicos cercanos.

El gran pendiente: un sistema de cuidados
El envejecimiento también está colocando una enorme presión sobre las familias.

En muchos hogares, el cuidado de una persona mayor recae sobre una hija, una esposa, una nuera o algún otro integrante de la familia que debe abandonar su empleo o reducir sus ingresos para hacerse cargo de esa responsabilidad.

Ese trabajo suele ser invisible y no remunerado.

El cuidado no puede seguir considerándose exclusivamente un asunto familiar. Es un asunto de política pública.

El Estado de México necesita avanzar hacia un sistema de cuidados que reconozca tanto los derechos de quienes necesitan asistencia como los de quienes realizan las labores de cuidado.

La vejez también es participación y experiencia
Pero reducir la discusión a necesidades y carencias sería otro error.

Las personas mayores representan experiencia, conocimiento, memoria comunitaria y participación social. Muchas continúan trabajando, cuidando a sus familias, participando en organizaciones, emprendiendo y aportando a sus comunidades.

La política pública debe abandonar la visión de que una persona mayor deja de ser productiva por cumplir determinada edad.