Claudia Zavala Martínez
Estado de México.- Cortes, baja presión, fugas, infraestructura deteriorada y dependencia de pipas forman parte de la realidad cotidiana de numerosas comunidades mexiquenses. Aunque el Estado de México cuenta con una amplia red de abastecimiento, el reto ya no es únicamente llevar agua hasta los municipios, sino garantizar que llegue de manera suficiente, regular y equitativa a los hogares.
La falta de agua potable se ha convertido en uno de los problemas que más directamente golpean la economía y la calidad de vida de las familias del Estado de México. En colonias donde el suministro es irregular, llenar un tinaco puede convertirse en una actividad que depende de horarios, tandeos o incluso de la llegada de una pipa.
El problema tiene múltiples causas. A la presión sobre las fuentes de abastecimiento se suman fugas, redes antiguas, fallas en sistemas de bombeo, crecimiento urbano y desigualdad en la distribución.
El problema no es solamente que falte agua
Uno de los mayores desafíos para el Estado de México es que disponer de fuentes de abastecimiento no significa necesariamente que el agua llegue de forma continua a las viviendas.
La propia Comisión del Agua del Estado de México (CAEM) reporta durante 2026 trabajos para reparar fugas, rehabilitar infraestructura y mejorar sistemas de bombeo. Entre las acciones destacan la reparación de 20 fugas en el Macrocircuito del Sistema Cutzamala, con un beneficio estimado para más de 250 mil habitantes, así como trabajos de mantenimiento en plantas de bombeo de Nezahualcóyotl, que atienden a más de 600 mil personas.
Estos datos muestran que una parte importante del problema se encuentra en la infraestructura necesaria para transportar el agua desde las fuentes hasta los hogares.
Ecatepec, uno de los rostros más visibles de la crisis
La situación de Ecatepec es especialmente representativa de las dificultades que enfrentan algunos municipios del oriente mexiquense.
La falta de suministro regular ha generado una fuerte dependencia de pipas en determinadas colonias. El problema llegó a adquirir una dimensión de seguridad y gobernabilidad con el llamado “huachicol del agua”, debido a la extracción y comercialización irregular del recurso.
Durante el Operativo Caudal realizado en 2025, autoridades intervinieron 189 inmuebles en 48 municipios, localizaron 51 pozos y 138 tomas clandestinas y aseguraron más de 320 pipas, de acuerdo con información reportada sobre el operativo.
El dato revela una paradoja: mientras algunas familias enfrentan dificultades para recibir agua por la vía formal, alrededor de ese déficit se desarrollaron redes de distribución irregular.
El Cutzamala también representa una presión para el Valle de México
El Sistema Cutzamala continúa siendo una infraestructura estratégica para el abastecimiento del Valle de México. Cuando sus niveles disminuyen, las autoridades deben realizar ajustes en el suministro que repercuten tanto en la Ciudad de México como en municipios mexiquenses.
En noviembre de 2023, Conagua, CAEM y las autoridades de la Ciudad de México anunciaron una reducción del suministro desde 12.2 hasta 9.2 metros cúbicos por segundo, como medida para enfrentar los bajos niveles de almacenamiento.
Aunque las condiciones de las presas han mejorado posteriormente con temporadas de lluvias favorables, el problema estructural permanece: el Valle de México requiere una enorme cantidad de agua todos los días y depende de una combinación de fuentes superficiales y subterráneas.
El Oriente mexiquense concentra grandes desafíos
Municipios como Ecatepec, Nezahualcóyotl, La Paz, Chimalhuacán, Valle de Chalco, Ixtapaluca y otras localidades del oriente enfrentan retos particulares debido a la elevada densidad poblacional y a décadas de crecimiento urbano.
En esta región, las autoridades estatales han impulsado obras de infraestructura hidráulica. A finales de 2025, por ejemplo, el Gobierno del Estado de México informó la instalación de más de 8 mil metros de tubería de agua potable para comunidades del Oriente.
También se anunciaron seis obras hidráulicas en La Paz dentro del Plan Integral para la Zona Oriente, en coordinación con Conagua.
El desafío es que la construcción de infraestructura debe avanzar al mismo ritmo que las necesidades de una población que continúa creciendo.
Pozos: una solución necesaria, pero no suficiente
El agua subterránea constituye una pieza fundamental para el abastecimiento de los municipios mexiquenses. Sin embargo, la explotación de los acuíferos requiere equilibrio.
Durante 2025, el Gobierno estatal informó la rehabilitación de 18 pozos de agua potable, con un beneficio estimado para 360 mil personas.
La rehabilitación permite recuperar capacidad de extracción sin necesariamente construir una nueva fuente, pero también plantea la necesidad de mantener una vigilancia permanente sobre los niveles de los acuíferos.
La solución de fondo no puede consistir únicamente en perforar más pozos. Se requiere reducir fugas, mejorar la eficiencia de las redes, captar agua de lluvia, tratar y reutilizar aguas residuales y proteger las zonas de recarga.
El costo lo termina pagando la ciudadanía
Cuando el agua no llega por la red, las familias buscan alternativas. Tinacos, cisternas, bombas, garrafones y pipas representan gastos adicionales.
Para una familia de bajos ingresos, comprar agua para llenar un tinaco puede convertirse en un gasto considerable, particularmente cuando los cortes se prolongan.
Por eso, la falta de agua también es un problema de desigualdad. Quien tiene capacidad económica puede almacenar mayores volúmenes o pagar por abastecimiento privado; quien no la tiene debe adaptarse a los horarios de suministro o esperar la distribución pública.
La infraestructura envejecida, otro enemigo
Las fugas representan uno de los problemas más costosos de los sistemas hidráulicos. Cada ruptura significa agua que no llega al consumidor, además de daños a calles, hundimientos y afectaciones a la movilidad.
La CAEM ha reportado durante 2026 reparaciones tanto en el Macrocircuito del Cutzamala como en redes municipales. También se han realizado obras de rehabilitación de plantas de bombeo y pozos.
Esto demuestra que la discusión sobre el agua debe incluir una pregunta fundamental: ¿cuánta agua se pierde antes de llegar a las viviendas?
Un problema que requiere soluciones de largo plazo
El Estado de México enfrenta una combinación particularmente compleja: millones de habitantes, crecimiento urbano, presión sobre los acuíferos, dependencia parcial del Cutzamala, infraestructura que necesita renovación y desigualdad en el acceso.
Por ello, la solución no puede limitarse a repartir pipas durante una emergencia.
Se necesita una estrategia de largo plazo que contemple:
Rehabilitación y modernización de redes de distribución.
Reducción de fugas.
Rehabilitación y mantenimiento de pozos.
Captación de agua de lluvia.
Tratamiento y reúso de aguas residuales.
Protección de zonas de recarga de los acuíferos.
Mayor transparencia en la distribución mediante pipas.
Combate a la extracción y comercialización ilegal del agua.
Inversión prioritaria en las colonias con mayor déficit.
El reto: que abrir una llave vuelva a ser suficiente
La crisis del agua en el Estado de México no puede medirse únicamente por el número de viviendas conectadas a una tubería.
El verdadero indicador es mucho más sencillo: ¿cuántas familias pueden abrir la llave todos los días y recibir agua suficiente?
Los trabajos de reparación de fugas, rehabilitación de pozos y ampliación de redes muestran que existe una respuesta institucional en marcha. Sin embargo, los problemas que persisten en municipios densamente poblados como Ecatepec y Nezahualcóyotl evidencian que todavía existe una brecha importante entre la infraestructura disponible y el servicio que recibe la ciudadanía.
El agua no sólo es un servicio público: es un elemento indispensable para la salud, la alimentación, la higiene y la economía familiar. Para el Estado de México, garantizar que llegue de manera continua, suficiente y equitativa será uno de los grandes desafíos de los próximos años.






