Petro aumenta la presión sobre los rebeldes acusados de narcotráfico
- 16 ene
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El presidente de Colombia, Gustavo Petro, un fiel político de izquierda, ha prometido alcanzar acuerdos de paz con los grupos armados que han mantenido al país en un estado de conflicto casi constante durante más de medio siglo.
Pero ahora Petro amenaza con emprender acciones militares, junto con Venezuela, contra el mayor de esos grupos, el Ejército de Liberación Nacional, o ELN, un grupo que anteriormente fue una guerrilla revolucionaria y que, según los expertos, se ha convertido en un importante traficante de cocaína con una fuerte presencia en Venezuela.
“Si el ELN no se une a la paz, abandonando Venezuela, habrá acciones conjuntas con Venezuela de tipo militar”, escribió Petro en X el lunes.
El gobierno interino de Venezuela no respondió a una solicitud de comentarios sobre el mensaje de Petro. Pero su advertencia refleja la presión a la que se enfrentan los dirigentes latinoamericanos a medida que el presidente Donald Trump exige a los países de la región —desde Colombia hasta México— que ataquen a los grupos que Estados Unidos ha designado como organizaciones terroristas, o se arriesguen a una acción unilateral estadounidense.
El temor a que Trump hable en serio aumentó significativamente este mes después de que Estados Unidos incursionara en Venezuela y capturara a su líder, Nicolás Maduro, para lo que citó como justificación su imputación federal por cargos de narcoterrorismo.
El gobierno de Trump ha declarado que Estados Unidos se encuentra en un conflicto armado con una lista confidencial de 24 cárteles de la droga y grupos criminales que ha designado como terroristas. (No hay pruebas de que los grupos estén implicados en dicho conflicto).
El comandante del ELN, Eliécer Herlinto Chamorro Acosta —que utiliza el nombre de guerra Antonio García—, en respuesta a preguntas de The New York Times, afirmó que los fiscales estadounidenses “no encontrarán pruebas porque no las hay, no existen, pues ni somos ni seremos narcos”. También negó que el grupo estuviera presente en Venezuela.
El ELN se formó en Colombia como grupo católico-marxista en la década de 1960. Sin embargo, según los expertos, en la década de 1990 comenzó a dedicarse al tráfico de cocaína, al igual que las más poderosas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, conocidas como las FARC.
Graffiti que indica la presencia de guerrilleros del ELN en Anorí, localidad de la región colombiana de Antioquia, en 2016.Credit...Federico Rios para The New York Times
Entonces, el ejército colombiano respaldado por Estados Unidos realizó una ofensiva sobre los grupos y las FARC se fragmentaron. Los expertos afirman que el ELN se refugió en Venezuela y se expandió allí, donde se enriqueció con el narcotráfico, triplicó su tamaño hasta alcanzar unos 6000 combatientes y forjó vínculos con funcionarios venezolanos corruptos.
Las autoridades colombianas han dicho que el grupo armado fue útil como escudo para el gobierno de Maduro contra amenazas nacionales y extranjeras.
Cuando comenzó la escalada militar estadounidense en el Caribe, las autoridades venezolanas confiaron en el ELN para proteger la frontera con Colombia, que les preocupaba pudiera ser una puerta trasera para las operaciones militares estadounidenses, y el ELN juró responder a cualquier intervención estadounidense, dijo Elizabeth Dickinson, analista del International Crisis Group, un instituto de investigación.
“El mensaje desde Caracas en estos últimos meses ha sido que cierren la frontera, ese es su trabajo”, dijo.
Ahora que Maduro ya no está y que el gobierno interino de Venezuela se inclina por un acercamiento a Washington, el futuro de esa alianza es incierto.
García, del ELN, reconoció tener contacto con el gobierno de Maduro, pero dijo que era en el contexto de sus negociaciones de paz con Colombia.
La escalada de medidas duras contra los narcotraficantes por parte de Colombia y Venezuela parece enfocarse en el Catatumbo, una región fronteriza montañosa por cuyo control ha luchado el ELN.
En una conferencia de prensa celebrada esta semana, el ministro del Interior de Venezuela, Diosdado Cabello, alabó las recientes operaciones contra el narcotráfico, incluidas las llevadas a cabo en la parte venezolana del Catatumbo. Las calificó de “duro golpe” a la industria de la cocaína y a “la narrativa de decir que Venezuela es un país que facilita el tráfico de droga”.
No nombró al ELN. Cuando un periodista le preguntó qué “cárteles” estaban implicados, Cabello desvió la pregunta. “Depende”, dijo, y añadió: “Lo que sí sabemos, que viene de Colombia”.
Las afirmaciones de Cabello se produjeron mientras se le acusa, en la imputación federal contra Maduro, de haberse “enriquecido” con las ganancias de la droga y de asociarse con el ELN y otros grupos.
Al día siguiente de la captura de Maduro, el presidente Trump acusó a Petro de estar también implicado en el tráfico de drogas y sugirió que era posible una acción militar contra Colombia.
Una llamada telefónica concertada apresuradamente entre los dos presidentes alivió las tensiones, pero solo aumentó la presión sobre Petro, según los expertos.
En los últimos días, el presidente colombiano ha presentado repetidamente datos sobre las incautaciones de drogas de su gobierno y sobre su éxito en la reducción del cultivo de coca, producto base de la cocaína, que, sin embargo, se mantiene en niveles récord en medio del aumento de la demanda mundial.
También puso su mirada en el ELN. Las conversaciones de paz entre el gobierno y el grupo se suspendieron el año pasado tras unos enfrentamientos especialmente sangrientos en el Catatumbo que dejaron 80 muertos y más de 50.000 desplazados, un episodio que Petro calificó de “masacre”.
Esta semana, el ELN propuso un “Acuerdo Nacional” con el gobierno, oferta que Petro rechazó. “Se ofreció un acuerdo y el ELN lo destruyó a sangre y fuego”, escribió en X.
En su lugar, pidió a los combatientes del ELN en Venezuela que se desarmaran, regresaran a Colombia e iniciaran un proceso para ceder territorio y reintegrarse en la sociedad, o se enfrentarían a una acción militar.
“La orden que di es una ofensiva total contra el ELN en Catatumbo”, dijo Petro en una entrevista con The New York Times.
Después de la captura de Maduro, Petro también anunció el despliegue de 30.000 soldados en la frontera de casi 2200 kilómetros de su país con Venezuela. “La primera orden que yo di no fue defender Venezuela ni nada de eso”, dijo, en alusión a las afirmaciones de que estaba aliado con Maduro. En cambio, dijo Petro, ordenó a los combatientes del ELN que “todo armado que entrara, desarmarse y entrar, pero desarmado”.
Los expertos afirman que la determinación de Petro de desmantelar o aplastar al ELN es un reflejo tanto de las exigencias de Trump como de la frustración interna por su anterior gestión de los grupos armados.
Petro, el primer presidente de izquierda de Colombia, llegó al poder en 2022 con críticas a la estrategia del país de enfrentar al ejército contra los grupos armados por considerarla ineficaz. Prometió la “paz total” con los grupos, algunos de los cuales siguen reivindicándose como revolucionarios de izquierda.
Durante las conversaciones, el ejército puso en pausa las operaciones ofensivas, pero analistas y funcionarios del gobierno afirman que grupos como el ELN aprovecharon para ampliar su territorio en Colombia, plantar más cultivos de coca y consolidar las rutas de tráfico.
Dickinson, analista del grupo de crisis, dijo que el fracaso de la política de paz del gobierno supuso una decepción para Petro y su gobierno.
“Realmente creían que podían sentar a estos grupos armados y llegar a un acuerdo por ser quienes eran”, dijo, “porque son de izquierdas y porque los conocen”.
La falta de avances hizo que Petro adoptara “un enfoque de mano dura”, añadió Dickinson.
El enfoque original de Petro también erosionó la confianza en las fuerzas de seguridad colombianas. Una serie inconstante de altos al fuego las dejó sin reglas claras de enfrentamiento con los grupos armados.
“Es difícil que la policía y los soldados sepan exactamente cómo deben combatir a esos grupos”, dijo Geoff Ramsey, quien estudia a Colombia y Venezuela en el Atlantic Council, un instituto de investigación de Washington.
Colombia tiene uno de los ejércitos más grandes de la región, con unos 269.000 efectivos en activo, solo superado en Sudamérica por Brasil. Sin embargo, los analistas afirman que gran parte de su equipamiento es antiguo y costoso de mantener.
Petro, en la entrevista con The New York Times, también expresó su preocupación por la falta de tecnología más reciente del ejército, como los drones, mientras que el ELN se ha convertido en una fuerza tecnológicamente capaz y organizada.
El comandante del ELN, García, dijo que los “ingenieros y técnicos” de su organización habían construido drones y sistemas antidrones durante la última década. Los analistas afirman que, de hecho, se sabe que el grupo dispone de este tipo de armamento.
Trump ha sugerido que Estados Unidos quiere llevar a cabo ataques terrestres contra los cárteles designados y el gobierno está presionando a México para que permita a las fuerzas militares estadounidenses llevar a cabo operaciones conjuntas contra los laboratorios de fentanilo en ese país.
No se sabe con certeza si Estados Unidos tiene planes similares para Colombia o Venezuela.
Dickinson dijo que cualquier ataque contra el ELN podría causar bajas civiles y contribuir poco a desmantelar el grupo.
“El ELN no es como una fuerza convencional, no es como si estuvieran estacionados en la selva y se les pudiera bombardear sin más”, dijo. “Operan vestidos de civil, operan dentro de ciudades y pueblos. No puedes volar por los aires al ELN. No funciona”.
Información: The New York Times










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