La falta de una mayoría absoluta tras las elecciones abre la puerta a negociaciones entre bloques rivales, una alianza con partidos árabes o la convocatoria de nuevos comicios.
Redacción El Monitor
internacional. Con alrededor del 85% de los votos contabilizados, ninguna de las dos fuerzas parece reunir los 61 escaños necesarios para controlar la Knéset, el Parlamento israelí, integrado por 120 legisladores. Ante este panorama, la formación del próximo gobierno dependerá de acuerdos entre partidos con diferencias ideológicas y compromisos electorales difíciles de conciliar.
Cuatro escenarios para destrabar la crisis
1. Un gobierno de unidad nacional. Netanyahu podría buscar un acuerdo con Eisenkot para integrar una administración conjunta. Sin embargo, esta posibilidad implicaría que ambos líderes cedieran en sus principales posturas: el primer ministro tendría que reconsiderar su alianza con sectores ultraderechistas y ultraortodoxos, mientras que su rival tendría que abandonar su promesa de sacarlo del poder.
2. Una coalición opositora con partidos árabes. Eisenkot podría intentar reunir los apoyos necesarios con la participación de las formaciones árabes, que lograron una representación importante en los comicios. Aunque esta opción permitiría acercarse a la mayoría parlamentaria, enfrenta resistencias dentro de la propia oposición y diferencias sobre asuntos como Gaza y Cisjordania.
3. Una mayoría de derecha encabezada por Netanyahu. Otra alternativa sería convencer a partidos opositores de derecha, entre ellos los vinculados a Naftali Bennett y Avigdor Lieberman, de sumarse a su bloque. No obstante, ambos sectores hicieron campaña contra la continuidad de Netanyahu y mantienen desacuerdos con sus actuales aliados ultraortodoxos.
4. Convocar a nuevas elecciones. Si las negociaciones fracasan y ningún candidato consigue reunir los respaldos necesarios, Israel podría volver a las urnas. Mientras se define una salida, Netanyahu permanecería como primer ministro interino, lo que le permitiría preparar una nueva contienda electoral.
El desenlace dependerá de la capacidad de los líderes políticos para construir alianzas en un Parlamento fragmentado. La falta de acuerdos no solo prolongaría la incertidumbre sobre el futuro del gobierno, sino que también evidenciaría las profundas divisiones que atraviesan la política israelí.






