(Agencias)
El físico belga Francis Halzen y sus colaboradores fueron reconocidos con el Premio Nobel de Física por sus investigaciones que permitieron detectar neutrinos de muy alta energía procedentes de fuentes astrofísicas, un avance que abrió una nueva ventana para estudiar los fenómenos más extremos del Universo.
El reconocimiento está relacionado con el trabajo desarrollado mediante el Observatorio de Neutrinos IceCube, un gigantesco detector instalado en las profundidades del hielo de la Antártida. El instrumento utiliza miles de sensores ópticos distribuidos en el hielo para registrar las diminutas señales producidas cuando los neutrinos interactúan con la materia.
Los neutrinos son partículas subatómicas extremadamente difíciles de detectar porque carecen de carga eléctrica y pueden atravesar enormes cantidades de materia prácticamente sin ser afectados. Por esta razón, pueden viajar desde regiones muy lejanas del cosmos hasta la Tierra conservando información sobre los acontecimientos que los produjeron.
El trabajo de Halzen y sus colaboradores permitió identificar neutrinos con energías extraordinariamente elevadas y demostrar que algunos proceden de fuentes situadas fuera de nuestra galaxia. Estas partículas proporcionan información independiente de la obtenida mediante la luz y otras formas de radiación electromagnética.
IceCube, ubicado cerca del Polo Sur, comenzó a operar con su configuración completa en 2011. Desde entonces ha detectado millones de neutrinos y ha identificado una población mucho más pequeña de neutrinos de energías extremadamente altas, considerados auténticos mensajeros de fenómenos cósmicos violentos.
Uno de los grandes avances llegó con la identificación de neutrinos procedentes de fuentes astrofísicas, entre ellas objetos capaces de acelerar partículas a energías enormes. Estos resultados ayudaron a consolidar la llamada astronomía de neutrinos, una disciplina que permite estudiar el Universo utilizando partículas en lugar de depender exclusivamente de la luz.
El reconocimiento también representa un impulso para la denominada astronomía multimensajero, que combina información procedente de neutrinos, ondas gravitacionales, rayos cósmicos y radiación electromagnética para comprender mejor acontecimientos extremos como explosiones estelares, agujeros negros y otros objetos compactos.
La importancia del descubrimiento radica en que los neutrinos pueden escapar de ambientes extremadamente densos y violentos donde otras partículas quedan atrapadas o pierden información durante su recorrido. Por ello, su estudio permite acercarse a algunos de los procesos más energéticos que ocurren en el Universo.
El trabajo de Halzen y sus colaboradores convirtió al hielo antártico en un observatorio astronómico de dimensiones gigantescas y demostró que las partículas casi invisibles también pueden utilizarse para investigar el origen y funcionamiento de los fenómenos más extremos del cosmos.






