Ana Lilia García Castelán
(Rastros y Rostros)
Toluca, México. La contratación de artistas de talla internacional como Belinda, quien amenizará la noche del «Grito» en Valle de Bravo, suele venderse bajo el discurso del fomento turístico y la reactivación económica, pero en municipios con rezagos estructurales evidentes como este Pueblo Mágico, la decisión de la alcaldesa Michel Núñez se percibe más como un acto de insensibilidad política.
Mientras un sector de la población celebra la llegada de un espectáculo de primer nivel, resulta innegable el malestar de quienes ven cómo los recursos públicos, frecuentemente escasos para infraestructura básica, seguridad, y desarrollo social, se canalizan hacia un evento efímero que sólo durará unos 60 u 80 minutos.
En este caso, la indignación ciudadana no responde a un rechazo a la cultura ni al entretenimiento, sino a una escala de prioridades distorsionada donde el brillo de un escenario opaca las demandas urgentes de la comunidad vallesana, en cuyas comunidades imperan necesudades en torno a sakudad y ecycsciin6, por mencionar algunas.
El anuncio de la alcaldesa morenista, Michelle Núñez Ponce pone de manifiesto la desconexión que suele existir entre el marketing gubernamental y las necesidades cotidianas de la gente. Valle de Bravo requiere inversiones sostenibles en servicios públicos, pavimentación y desarrollo social que impacten la calidad de vida de sus habitantes a largo plazo, no un gasto millonario que se diluye en un par de horas de espectáculo.
Gobernar implica elegir con responsabilidad, y destinar sumas estratosféricas a un concierto privado disfrazado de fiesta comunitaria termina enviando un mensaje equivocado: que el espectáculo mediático tiene más peso que el bienestar colectivo real.






