julio 13, 2026 |
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La canasta básica no da tregua

Redacción El Monitor

Ciudad de México.- Aunque la inflación general en México se desaceleró a 3.37% anual en junio, el nivel más bajo desde 2020, para miles de familias capitalinas la realidad es distinta: comprar frutas, verduras y huevo continúa representando uno de los mayores gastos del hogar.

El Gobierno federal mantiene vigente el Paquete contra la Inflación y la Carestía (PACIC), mediante el cual el precio de la canasta básica integrada por 24 productos no debe rebasar los 910 pesos. Sin embargo, los monitoreos de la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco) muestran que no todos los establecimientos cumplen con ese objetivo y que existen diferencias de hasta 200 pesos entre una tienda y otra. En uno de los monitoreos nacionales, una sucursal de Bodega Aurrerá en Iztapalapa reportó un costo superior a 958 pesos, por encima de la meta oficial.

Los productos que más afectan el presupuesto familiar siguen siendo los perecederos. El huevo, uno de los alimentos de mayor consumo en México, registra un precio promedio cercano a 54 pesos por paquete de 18 piezas, aunque en mercados y tiendas de barrio puede venderse por arriba de ese nivel.

A ello se suman las variaciones constantes en frutas y verduras. Si bien Profeco reportó una disminución reciente en productos como el jitomate y el plátano, comerciantes y consumidores señalan que los precios cambian semana a semana debido a las lluvias, los costos de transporte y la disponibilidad de cosechas, lo que dificulta planear el gasto familiar.

La Secretaría de Desarrollo Económico de la Ciudad de México mantiene un monitoreo permanente de precios en mercados públicos, tianguis, tiendas de autoservicio y la Central de Abasto, donde las diferencias entre un punto de venta y otro pueden representar un ahorro importante para los consumidores.

Especialistas advierten que, aunque los indicadores macroeconómicos muestran una inflación bajo control, los alimentos frescos continúan siendo los más sensibles a fenómenos climáticos y problemas logísticos. Esto provoca que el gasto cotidiano de las familias no disminuya al mismo ritmo que los índices oficiales.

Para miles de hogares capitalinos, el efecto es evidente: comprar huevo, frutas y verduras obliga a ajustar el presupuesto, reducir cantidades o sustituir alimentos. En la mesa de los consumidores, la percepción sigue siendo la misma: el dinero alcanza cada vez para menos.