Vivir en la orilla: pobreza persistente en el Estado de México
- hace 2 días
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Detrás de la reducción en cifras oficiales, millones de mexiquenses enfrentan precariedad laboral, carencias básicas y un sistema que no logra romper el ciclo de desigualdad
Redacción El Monitor
Estado de México.- En el Estado de México, la entidad más poblada del país, la pobreza no solo se mide en estadísticas: se vive todos los días. Aunque los indicadores recientes reportan una disminución en el número de personas en situación de pobreza, la realidad en comunidades urbanas y rurales revela un panorama más complejo, donde la vulnerabilidad sigue marcando la vida de millones.
En municipios de la periferia metropolitana, como Ecatepec o Chimalhuacán, solo por mencionar algunos el crecimiento urbano desordenado ha dado paso a colonias enteras con servicios incompletos, empleos informales y altos niveles de inseguridad. Ahí, salir de la pobreza no significa estabilidad, sino apenas dejar atrás la pobreza extrema para entrar en una condición igualmente frágil.
“Yo trabajo todos los días, pero no alcanza”, cuenta María Hernández, madre soltera y empleada en el sector informal. “Si un día no vendo, ese día no comemos igual. No hay ahorro, no hay seguridad”.
La precariedad laboral es uno de los principales factores que sostienen el problema. Una gran parte de la población ocupada en la entidad no cuenta con seguridad social, lo que limita el acceso a servicios de salud y pensiones. Para muchos, un accidente o una enfermedad puede significar regresar inmediatamente a condiciones de pobreza.
En zonas rurales, el panorama no es menos crítico. En municipios como San José del Rincón o Villa Victoria, la pobreza está vinculada a la marginación histórica, la falta de infraestructura y las limitadas oportunidades educativas.
“Mis hijos caminan más de una hora para llegar a la escuela”, relata José Luis Martínez, habitante de una comunidad indígena. “A veces no van porque no hay dinero para útiles o transporte”.
Especialistas advierten que, aunque millones han salido de la pobreza en términos estadísticos, esto no implica una mejora estructural. “Lo que estamos viendo es una movilidad muy frágil”, señala una investigadora en desarrollo social. “Las personas pasan de pobreza extrema a moderada, pero siguen estando a un paso de volver a caer”.
El acceso desigual a derechos sociales sigue siendo un problema central. La falta de servicios de salud de calidad, la educación incompleta y las condiciones deficientes de vivienda perpetúan ciclos de desigualdad que se transmiten de generación en generación.
A esto se suma el encarecimiento del costo de vida. En la zona conurbada con la Ciudad de México, el aumento en los precios de alimentos, transporte y vivienda ha presionado aún más a los hogares de bajos ingresos, reduciendo su capacidad de recuperación económica.
Para organizaciones civiles, el reto no es solo reducir las cifras de pobreza, sino garantizar condiciones sostenibles para que las personas puedan salir de ella de manera definitiva. “Se necesita una política integral que atienda empleo, educación, salud y desarrollo urbano”, advierten.
Mientras tanto, en miles de hogares mexiquenses, la pobreza sigue siendo una realidad cotidiana, marcada por la incertidumbre y la falta de oportunidades. Una condición que, pese a los avances en el papel, continúa arraigada en la vida diaria de la población.




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