Vialidades colapsadas en el Edomex: su abandono pone en riesgo a millones de mexiquenses
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Redacción El Monitor
Circular por el Estado de México se ha convertido en una ruleta de riesgo. Baches profundos, socavones, pavimento destruido y señalización inexistente no son hechos aislados, sino el reflejo de un abandono sistemático que las autoridades han permitido durante años.
Las vialidades, lejos de recibir mantenimiento constante, parecen acumular el desgaste sin que exista una estrategia real para atenderlo. Conductores enfrentan diariamente daños en sus vehículos, accidentes y retrasos que impactan su economía y su calidad de vida. En muchos casos, el costo de transitar recae completamente en los ciudadanos, mientras las soluciones gubernamentales llegan tarde o simplemente no llegan.
Municipios densamente poblados como Ecatepec, Nezahualcóyotl, Tlalnepantla, Atizapán de Zaragoza y Coacalco por mencionar sólo algunos, concentran algunos de los tramos más críticos, donde las calles se han transformado en auténticos campos minados. Los reportes ciudadanos son constantes, pero la respuesta institucional suele limitarse a reparaciones temporales que no resisten ni una temporada de lluvias.
El problema no es menor ni reciente. Especialistas advierten que la falta de mantenimiento preventivo, sumada a posibles irregularidades en la asignación de contratos de obra pública, ha profundizado el deterioro. A esto se añade la opacidad en el uso de recursos destinados a infraestructura, lo que ha generado sospechas sobre la eficacia —y el destino— del presupuesto.
Mientras tanto, la seguridad vial queda en segundo plano. Accidentes provocados por el mal estado de las calles continúan registrándose sin que exista una política clara de prevención. Peatones y ciclistas, los más vulnerables, enfrentan condiciones aún más peligrosas en espacios que deberían garantizar su integridad.
El deterioro de las vialidades en el Estado de México ya no puede explicarse como un problema técnico: es una falla de gestión y de responsabilidad pública. La exigencia ciudadana apunta a algo más que parches momentáneos; demanda transparencia, inversión real y una rendición de cuentas que hasta ahora ha brillado por su ausencia.
Hoy, el desgaste no solo está en el pavimento, sino en la confianza de millones de personas que, todos los días, se ven obligadas a transitar por calles que el propio gobierno ha dejado caer en el abandono.




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