México toma la iniciativa con un nuevo envío masivo de presos a EEUU
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(Agencias)
Donald Trump aboca al mundo a la lógica del palo y la zanahoria, solo que sin zanahoria, puro palo, mientras cada nación hace, de momento, lo que puede. En la madrugada de este martes, cuando el republicano posteaba imágenes creadas con inteligencia artificial en su red social, en que líderes europeos atendían algún tipo de explicación suya acerca de las necesidades de Estados Unidos sobre Groenlandia, México, oyente exquisito de las estrategias de Washington, preparaba un nuevo envío masivo de presos al norte. El Gobierno de Claudia Sheinbaum contiene así las amenazas del republicano, que se ha pasado la última semana y media repitiendo que a su vecino lo gobiernan los carteles y que está dispuesto a enviar tropas al sur para exterminarlos.
El último traslado de reclusos –37 en total– ilustra la tensión de las primeras semanas de enero en la relación bilateral, abocada a la volatilidad del presidente de la gran potencia norteamericana. La captura de Nicolás Maduro en Venezuela por parte del tropas estadounidenses, el tercer día del año, abría una etapa de gran agresividad por parte de Trump, que igual apuntaba a Colombia o Irán, que a la Unión Europea y México. El traslado ahora de presuntos criminales mexicanos a cárceles al norte del río Bravo, el tercero en el primer año de Trump, de vuelta en la Casa Blanca, sortea otra vez las leyes de extradición y trata de calmar las amenazas del mandatario.
Desde el 20 de enero del año pasado, el Gobierno de Sheinbaum ha enviado a 92 presos de alto perfil al país vecino, 37 este martes, justo cuando Trump cumple un año en el cargo. Entre los nuevos enviados, destaca uno de los grandes anhelos de Washington, Pedro Inzunza Noriega, alias Sagitario, importante operador de una de las facciones del Cartel de Sinaloa, acusado de enviar enormes cantidades de droga a su territorio. De la lista sobresalen además Ricardo González, Ricky, líder regional del Cartel del Noreste, y Armando Gómez, Delta 1, cabeza de un brazo armado del Cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG). Estas tres organizaciones figuran en la lista de grupos narcoterroristas, designados así por la Administración Trump, en febrero.
La entrega de los presos este martes ofrece diferentes lecturas. La primera, quizá, los esfuerzos del Gobierno mexicano en llevar la iniciativa, a costa de complacer al vecino. Ha sido la manera de confinar el mensaje del republicano, de evitar que abandone la retórica y se convierta en hechos. Cada vez que Trump subía el tono con México, amenazando con enviar tropas al sur, bajo la asunción de que los carteles son ejércitos rebeldes, dueños de territorios concretos, ajenos al resto de la población y sus espacios, el Ejecutivo de Sheinbaum daba un golpe de efecto. La buena relación del gabinete de seguridad mexicano con el estadounidense, principalmente con el FBI y el Comando Norte del Ejército, han apuntalado los movimientos del vecino del sur.
El contexto de cada envío de presos ilumina lo anterior. A principios de febrero, por ejemplo, Trump anunció la imposición de aranceles a las importaciones desde México, entre otros países. “El anuncio arancelario de hoy es necesario para responsabilizar a China, México y Canadá por sus promesas de detener la avalancha de drogas venenosas en Estados Unidos”, dijo entonces la Casa Blanca. Washington se refería al fentanilo, potente opioide, responsable de la última ola de muertes por sobredosis en EE UU. Trump ve a Canadá como país de tránsito del fentanilo antes de llegar a su país y a México como principal país productor. China es visto como fabricante de los precursores químicos necesarios para producir la droga.
No le falta razón al republicano, en el sentido de las actividades que grupos criminales realizan en uno u otro país. La cuestión es el remedio, la fuerza bruta, desde su vuelta al poder. En México, las amenazas discurren por los cauces del Gabinete de Seguridad, abonado al mantra contrario, la prudencia, consciente de que hasta ahora se ha tenido con qué extinguir la flama norteña. En febrero, semanas después del anuncio de los aranceles –llamada entre los presidentes mediante– México mandó un primer paquete de presuntos criminales, sorprendente por el volumen y el continente. Entre los 29 trasladados, figuraba, por ejemplo, Rafael Caro Quintero, némesis de la agencia antidrogas estadounidense (DEA, por sus siglas en inglés) desde hacía 40 años.
Con las cárceles mexicanas a reventar de viejos capos, la previsión de futuras amenazas de Trump podía solventarse con nuevos envíos. Así ocurrió en agosto, cuando México mandó una segunda tanda de reos, entre ellos, personajes que mantenían un gran poderío, aún entre rejas. Era el caso, por ejemplo, de Abigael González Valencia, El Cuini, antiguo socio del líder del CJNG, Nemesio Oseguera, El Mencho. Entre los nuevos enviados estaban el histórico líder de Los Caballeros Templarios, Servando Gómez, alias La Tuta, o Juan Carlos Félix Gastélum, El Chavo Félix, yerno de Ismael El Mayo Zambada.
Desde este otoño, la retórica de Trump parece haberse exaltado y pasado al plano real. En septiembre, Washington lanzó su operación contra lanchas de narcotraficantes en el Caribe y el Pacífico, que ha dejado ya más de un centenar de muertos, de los que se sabe poco o nada, siquiera si de verdad se dedicaban al trasiego. Luego, el Pentágono apuntó a suelo venezolano por la presunta participación de altos funcionarios del Gobierno y del Estado en el tráfico de cocaína y bombardeó un puerto. En enero, atacaron la capital, Caracas, y aprehendieron a Maduro. En esos días, volvió con una cantaleta conocida, aquella de que México no puede contra el narco, aunque quiera.
Lejos del discurso de otros mandatarios, Sheinbaum ha tratado de sortear cualquier tipo de inflamación semántica. Las detenciones en México estos días de algunos personajes que figuraban en las listas de los más buscados en el norte, la desarticulación de una célula del Tren de Aragua en la capital y la entrega ahora de 37 reos circulan un camino conocido. La pérdida además parece mínima. De hecho, el Gabinete de Seguridad ve la partida de alguno de los ahora entregados, caso de Delta 1, casi que como un regalo, más que como un sacrificio a la soberanía nacional. Evitar la participación de tropas estadounidenses en suelo mexicano aparece como una barrera para la mandataria. El fondo de armario de las prisiones y la detención de algunos objetivos principales, caso del mismo Mencho, o los hijos del Chapo Guzmán y el Mayo Zambada, podrían darle aire en los próximos meses.









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