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La Estación Espacial Internacional cumple 25 años en órbita

  • Foto del escritor: MONITOR
    MONITOR
  • hace 11 horas
  • 5 Min. de lectura

(Agencias)


La Estación Espacial Internacional (EEI), que orbita a unos 400 kilómetros sobre la Tierra, es uno de los proyectos de ingeniería más ambiciosos de la humanidad.


Desde la primera misión Expedición 1, más de 280 astronautas y cosmonautas han visitado la estación, que ha estado ocupada de forma ininterrumpida durante 25 años.


Si naciste después del 2 de noviembre de 2000, durante toda tu vida siempre ha habido alguien viviendo en el espacio.


La EEI es una muestra de lo que puede lograrse mediante la cooperación internacional y una prueba de que, cuando los seres humanos trabajan juntos, son capaces de alcanzar los objetivos que se proponen.


Sin embargo, el camino no ha sido fácil.


Desde su sistema de suministro eléctrico hasta su superficie habitable, hacemos un repaso en 25 cifras a 25 años de la EEI.


El primer módulo de la EEI, Zarya, fue lanzado en un cohete Proton desde el cosmódromo Bakinonur en Kazajistán, en una mañana de noviembre de 1998.


Para los que vimos ese lanzamiento, las cosas no pintaban bien.


El proyecto -una mezcla entre un programa de estación espacial de EE.UU. de los 80 llamado "Freedom" y el sucesor de la estación espacial rusa Mir- había estado marcado por retrasos y sobrecostos.


Había políticos que pedían que se abandonara el proyecto completamente.


Cuando llegaron los tres primeros miembros de la tripulación de la estación, solo había tres pequeños módulos ensamblados entre sí.


Cuando Bill Shepher, Sergei Krikalec y Yuri Gidzenko encendieron las luces en noviembre de 2000, la EEI solo estaba formada por tres módulos ensamblados entre sí: Zarya, Zvezda y Unity.


Estos tres módulos aún hoy son el corazón de la EEI, porque son los responsables de proveer energía, oxígeno y las conexiones a los otros módulos que se han unido después.


Más allá de sus alojamientos apretados, los astronautas pasaron cinco meses en la incipiente estación, llevaron a cabo 22 investigaciones científicas, siete caminatas espaciales y le dieron la bienvenida a dos tripulaciones espaciales que visitaron la estación.


Actualmente, por lo general hay siete astronautas en la EEI al mismo tiempo.


Dependiendo de cómo se contabilicen, la Estación Espacial Internacional cuenta hoy con entre 16 y 20 módulos presurizados, ocho grandes paneles solares y muchos más componentes interconectados.


Para decirlo de forma sencilla, fue necesario ensamblarla en el espacio.


Afortunadamente, Estados Unidos disponía del transbordador espacial, que no solo transportó varias secciones de la EEI, sino que, gracias a su brazo robótico, también ayudó a colocarlas en su posición final.


Dado que las distintas partes de la estación fueron construidas en Rusia, América del Norte, Europa y Japón, todas debían encajar entre sí con la mayor precisión posible y con el menor margen para el error.


El volumen habitable disponible para los astronautas equivale al de una casa de seis habitaciones, o 388 metros cúbicos, si eres de la vieja escuela.


Pero en condiciones de microgravedad todo el espacio puede aprovecharse: el suelo, las paredes y el techo están al alcance.


En la práctica, esto significa que casi todas las superficies interiores de la Estación Espacial Internacional están cubiertas de equipamiento, áreas de almacenamiento y experimentos científicos.


Para evitar la desorientación de los astronautas -y para que la estación coincida con los entornos de entrenamiento en la Tierra-, la EEI está diseñada con pisos y techos claramente definidos.


Aun así, las tripulaciones son conocidas por reorganizar el interior, y hay días en los que, literalmente, todo parece estar al revés.


Si las misiones de larga duración nos han enseñado algo es que el espacio es malo para nosotros.


La exposición prolongada a la falta de gravedad conduce a pérdida de masa muscular, densidad ósea y deterioro de la visión.


Entonces, para que no regresen a la Tierra con serios problemas de salud, los astronautas deben ejercitarse dos horas al día.


El gimnasio de la estación cuenta con una caminadora, una bicicleta estática y máquinas de resistencia. Los astronautas son lo suficientemente motivados, competitivos y disciplinados como para tomarse el ejercicio muy en serio.


En 2016, el astronauta británico Tim Peake estableció un nuevo récord al correr una maratón en el espacio, completando los 42 kilómetros en tres horas y 35 minutos.


La orina de hoy, es el café de mañana. O así es como funciona en el espacio.


El sistema de reciclaje y recuperación de la EEI es una maravilla de la ingeniería que logra recuperar toda el agua que los astronautas expulsan.


La tecnología logra extraer el vapor del agua y sudor de los astronautas del aire, la orina de los baños y lo transforma en agua potable.


Además de este complejo sistema, los sistemas de aire acondicionado mantienen una brisa fresca constante en la estación.


Pero más allá de la constante limpieza, la EEI no está libre de bichos. Un estudio reciente encontró cerca de 55 clases diferentes de microbios conviviendo con los humanos.


Los astronautas dedican gran parte de su día a monitorear, analizar y realizar experimentos científicos.


Las investigaciones en condiciones de microgravedad abarcan desde el estudio de los huesos y los músculos hasta trabajos en el campo de la industria farmacéutica.


Algunos experimentos, como uno realizado con gusanos, están orientados a combatir enfermedades en la Tierra, mientras que otros buscan desarrollar nuevas tecnologías.


Gracias a estas investigaciones, numerosas empresas privadas están desarrollando materiales avanzados pensados para su uso en el espacio.


Cuando la Nasa seleccionó a su primer astronauta en 1959, los candidatos tenían que ser jóvenes y físicamente perfectos.


Cuando a John Glenn le preguntaron en una rueda de prensa cuál había sido la peor prueba que había pasado durante su examen médico él dijo: "Si calculas cuántas aberturas hay en el cuerpo humano y hasta dónde puedes llegar a través de cada una de ellas... responde cuál sería la más difícil para ti".


Su experiencia contribuyó a demostrar que no hay que ser joven ni estar en la mejor forma física para ser astronauta.


Eso sí, es necesario ser bueno en tu trabajo, razón por la cual los astronautas se retiran a una edad más avanzada.


El astronauta más longevo que vivió en la EEI es actualmente Don Pettit, que regresó a la Tierra el mismo día que cumplía 70 años.


John Glenn, de forma incidental, hizo su segunda misión espacial a los 77 años.


Pues ahora imagina estar atascado en tu lugar de trabajo por más de un año y pocas veces poder salir de allí.


Las misiones de seis meses o más se han convertido en la norma. El récord de mayor número de días en la Estación Espacial Internacional durante una sola misión lo ostenta el astronauta estadounidense Frank Rubio, quien regresó a la Tierra en septiembre de 2023 tras pasar 371 días en el espacio.


El récord absoluto de permanencia en el espacio, sin embargo, sigue en manos del cosmonauta ruso Valeri Polyakov, quien vivió a bordo de la estación espacial Mir durante 473 días entre 1994 y 1995.


Hay pocos lugares más populares para pasar el tiempo en la EEI que la "Cúpula".


Esta ventana panorámica orientada hacia la Tierra ofrece a los astronautas una de las vistas más impresionantes del universo.


Pero la tentación de quedarse observando el planeta puede interferir con los estrictos horarios que gobiernan la vida diaria de los astronautas a bordo.


Nicole Stott confesó al podcast My Space Boffins que tenía que poner una alarma para que le recordara que tenía que regresar a trabajar.


Con el tiempo, los astronautas se han vuelto cada vez más expertos en el uso de la cámara, logrando capturar y compartir imágenes que ofrecen una perspectiva única del mundo visto desde el espacio. Existe incluso un espacio dedicado exclusivamente a difundir estas fotografías.

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