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Expertos revelan que nuestra atmósfera se filtra a la Luna

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    MONITOR
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(Agencias)

 

La Luna suele presentarse como un lugar árido y aislado, un mundo sin aire y sin vida, separado de la Tierra por el vacío del espacio. Sin embargo, las muestras de suelo lunar que los astronautas trajeron a nuestro planeta cuentan una historia menos evidente. Desde hace décadas, por ejemplo, los científicos se preguntan por qué el regolito lunar –la fina capa de polvo que cubre la superficie de la Luna– contiene elementos que, en principio, no deberían estar allí.

 

Agua, helio, dióxido de carbono… y, de forma especialmente intrigante, nitrógeno. El viento solar –la corriente constante de partículas emitidas por el Sol– puede explicar la presencia de algunos de estos compuestos volátiles. Pero no de todos. En particular, el nitrógeno plantea un problema: su origen parece apuntar a un lugar mucho más cercano y familiar, la atmósfera terrestre.

 

Durante años, una de las explicaciones más aceptadas fue relativamente sencilla. Los investigadores asumían que esta transferencia solo pudo producirse en las etapas más tempranas de la historia del planeta, cuando la Tierra aún no había desarrollado su campo magnético. Una vez formado este escudo invisible, debería haber impedido que las partículas atmosféricas escaparan al espacio.

 

Sin embargo, un nuevo estudio publicado en Communications Earth & Environment por investigadores de la Universidad de Rochester cuestiona de forma directa esta idea. Lejos de actuar únicamente como una barrera protectora, el campo magnético terrestre funciona también como un mecanismo que puede canalizar partículas de la atmósfera hacia la superficie lunar.

 

Los investigadores, dirigidos por Shubhonkar Paramanick, utilizaron simulaciones informáticas avanzadas para comparar dos escenarios. El primero recreaba una Tierra primitiva sin campo magnético, sometida a un viento solar más intenso. El segundo modelaba nuestro planeta actual, con su robusto campo magnético y un viento solar más débil.

 

Los resultados fueron sorprendentes: el modelo de la Tierra moderna se ajustaba mejor a la composición observada en las muestras lunares traídas por los astronautas del programa Apolo.

 

El mecanismo funciona de manera elegante. El viento solar arranca partículas cargadas de nuestra atmósfera, que luego viajan en espiral siguiendo las líneas del campo magnético terrestre. Estas líneas magnéticas no forman una esfera perfecta alrededor del planeta, sino que se comprimen en el lado que mira al Sol y se extienden formando una larga cola de al menos dos millones de kilómetros en el lado opuesto, según reporta IFL Science.

 

Cuando la Luna atraviesa esta "cola magnética" durante ciertas fases de su órbita, parte de estas partículas puede depositarse en su superficie. Este proceso podría haber estado ocurriendo, con distintas intensidades, durante miles de millones de años.

 

Este hallazgo abre nuevas y fascinantes posibilidades para la investigación científica. El regolito lunar podría actuar como una cápsula del tiempo que conserva registros de la atmósfera terrestre a lo largo de miles de millones de años.

 

"Al combinar los datos de las partículas conservadas en el suelo lunar con modelos computacionales de cómo interactúa el viento solar con la atmósfera terrestre, podemos rastrear la historia de la atmósfera de la Tierra y su campo magnético", explica Eric Blackman, coautor del estudio, en un comunicado de la Universidad de Rochester.

 

Más allá del interés planetológico, este enfoque podría ayudar a entender cuándo y cómo la Tierra desarrolló condiciones estables para el agua líquida y la vida, convirtiendo potencialmente a la Luna en un archivo singular de la historia de nuestro planeta.

 

La investigación también tiene implicaciones prácticas para la exploración espacial. El flujo constante de partículas procedentes de la Tierra hacia la Luna sugiere que allí podrían existir más compuestos volátiles de lo que se pensaba hasta ahora, potencialmente aprovechables como recursos.

 

Y es que cuantos más materiales puedan obtenerse directamente en la superficie lunar, menor será la necesidad de transportar suministros desde la Tierra, un factor clave para reducir los costos y la complejidad de las futuras misiones tripuladas y de la instalación de bases permanentes.

 

El estudio también arroja luz sobre procesos que han ocurrido en otros planetas. Marte, que actualmente carece de un campo magnético global pero que en el pasado tuvo uno similar al terrestre, perdió la mayor parte de su atmósfera hace miles de millones de años. Comprender mejor cómo los campos magnéticos influyen en la pérdida atmosférica podría ayudarnos a evaluar la habitabilidad a largo plazo de exoplanetas distantes.

 

Como señaló Paramanick a IFL Science, "los campos magnéticos en general son importantes cuando se trata de comprender la habitabilidad planetaria y la evolución planetaria en general".

 

Desde la Tierra hasta la Luna, y de Marte a mundos lejanos, el estudio recuerda que la historia de un planeta también se escribe en la forma en que conserva –o pierde– su atmósfera.

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