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El líder laborista en Escocia agrava la crisis de Starmer al pedir su dimisión

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    MONITOR
  • hace 5 horas
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(Agencias)


La batalla por la supervivencia política del primer ministro británico, Keir Starmer, ha entrado en una fase crítica tras la demanda de dimisión del líder laborista en Escocia, Anas Sarwar, que coincide con la marcha de dos de los principales asesores del operativo de Downing Street en menos de 24 horas. Tras perder a su mano derecha, el hasta este domingo jefe de Gabinete, Morgan McSweeney, y a su director de Comunicación, Tim Allan, Starmer se ha quedado sin el escudo que actuaba como cortafuegos, quedando más expuesto todavía al descontento de un grupo parlamentario en maniobras sucesorias. De momento, la falta de una alternativa evidente permite a Starmer ganar tiempo, pero la febril atmósfera que rodea al primer ministro ha forzado a su portavoz oficial a negar este lunes que su salida sea inminente.


La explosiva intervención de Anas Sarwar, quien el 7 de mayo se enfrenta a unas difíciles elecciones al Parlamento de Escocia, era lo último que Starmer necesitaba en una jornada dedicada a convencer a puerta cerrada de que cuenta con una hoja de ruta para reflotar su maltrecho liderazgo. Este lunes por la mañana, el premier trataba de insuflar ánimo a su equipo en el Número 10, mermado por las bajas, especialmente la de McSweeney, cerebro operacional en Downing Street; mientras, como cada lunes, a última hora de la tarde se reunirá con sus diputados, en esta ocasión, con la incesante cacofonía del malestar y las alegaciones sobre un potencial regicidio.


En una rueda de prensa convocada de urgencia en Glasgow, el jefe laborista en Escocia justificó en clave doméstica su decisión de exigir la salida de Starmer, por los perjuicios que su impopularidad podría acarrear en los comicios de mayo. Anas Sarwar ha rechazado, de hecho, proponer ningún nombre para el relevo en Downing Street y ha dejado claro que su “máxima prioridad” es Escocia. “Tengo que hacer lo correcto por mi país”, ha declarado en una comparecencia en la que ha dicho que “la distracción tiene que acabar y el liderazgo en Downing Street tiene que cambiar”.


Sarwar es el político laborista de mayor rango en demandar públicamente la cabeza de Starmer. Hasta ahora, las llamadas a la dimisión procedían de los sectores más izquierdistas, pero la intervención del líder escocés, en plena resaca por la salida de Morgan McSweeney y de la repentina marcha de Tim Allan, tras apenas cinco meses en el cargo, pone en jaque la estabilidad de un mandatario cuya popularidad ha caído a niveles récord, tras apenas 19 meses en el poder.


El riesgo ahora es que la llamada de Sarwar genere un efecto dominó entre los ministros del Gobierno. Históricamente, en Reino Unido los premiers caen al perder el respaldo del gabinete y, como prueba del riesgo existencial, pesos pesados del Ejecutivo se lanzaron en masa a reivindicar a través de las redes sociales la necesidad de estabilidad y la permanencia de Starmer como garantía de solidez.


La falta de un reemplazo evidente es, por ahora, el mejor resguardo para Starmer. El candidato más valorado entre las bases, el alcalde de Mánchester, Andy Burnham, continúa fuera de juego por no ser diputado; y la hasta septiembre número dos del Ejecutivo y del partido, Angela Rayner, tiene que solventar todavía las irregularidades fiscales en la compra de su vivienda, las mismas que habían precipitado su dimisión hace cinco meses. Por su parte, el ministro de Sanidad, Wes Streeting, una de las grandes promesas, está marcado por su proximidad a Peter Mandelson, el veterano político laborista cuya relación con Jeffrey Epstein ha abierto la caja de los truenos que atenaza la continuidad de Starmer.


Si algo evidencia la actual crisis es que quien transitó en la órbita de Mandelson ha salido damnificado. McSweeney abandonó el cargo por haber recomendado su designación como embajador británico ante Estados Unidos y también el director de Comunicación saliente era cercano a quien está considerado uno de los arquitectos del llamado Nuevo Laborismo. La repentina salida de Tim Allan podría estar relacionada con potencialmente incómodos documentos que saldrán a la luz cuando el Gobierno difunda el proceso de selección de Mandelson como máximo representante ante la Administración de Donald Trump. Allan, un veterano de la comunicación que había trabajado ya con Tony Blair en sus inicios en Downing Street, es el cuarto director de Comunicación de Starmer en menos de un año.


El problema para el premier es que, al nombrar a Mandelson, desencadenó serias objeciones sobre su juicio político, acuciadas tras la nueva tanda de papeles desclasificados de Epstein, que revelan que Mandelson habría facilitado al pedófilo estadounidense información confidencial del Gobierno británico entre 2009 y 2010, cuando era titular de Negocios. Además, el primer ministro era consciente de que el flamante nuevo embajador había mantenido contacto con Epstein después de que este saliera de prisión por prostituir a una menor. La lógica que había llevado a elegirlo, su habilidad de moverse en los círculos de poder, quedó invalidada por la conducta de Mandelson, acusado estos días de haber “traicionado” al Reino Unido.

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