Científicos afirman haber descubierto una nueva especie de ancestro humano en Etiopía
- MONITOR
- 15 ago
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Redacción El Monitor
El profesor asociado de la Universidad de Arkansas, Lucas Delezene, compara uno de los incisivos que el equipo descubrió con un Australopithecus maxilla (mandíbula superior) de Hadar en el Museo Nacional de Etiopía
En las arenas ardientes de Etiopía, un descubrimiento ha encendido un debate científico tan antiguo como la propia paleoantropología. Un equipo internacional de investigadores liderado por la paleoecóloga estadounidense Kaye Reed ha desenterrado lo que podrían ser los restos dentales de una especie humana nunca antes identificada, en un periodo crítico de nuestra evolución.
Los dientes, hallados en el área de Ledi-Geraru, podrían pertenecer a un nuevo tipo de Australopithecus que coexistió con los primeros miembros del género Homo y con Paranthropus hace aproximadamente 2,6 millones de años.
La importancia de este hallazgo no reside solo en su antigüedad, sino en el hueco que viene a llenar: un intervalo de medio millón de años (entre los 3 y los 2,5 millones de años) para el que los registros fósiles son escasos, pero fundamentales.
En esta etapa, desaparece Australopithecus afarensis, la especie de la célebre "Lucy", y surgen los primeros humanos. El equipo de Reed, tras analizar minuciosamente la morfología dental, sostiene en un comunicado que los especímenes difieren tanto de A. afarensis como de A. garhi, y que estamos ante un linaje inédito.
"Esta nueva investigación demuestra que la imagen que muchos tenemos de un simio a un neandertal y luego a un humano moderno es errónea; la evolución no funciona así", dijo Reed en el comunicado.
Los fósiles hallados en Ledi-Geraru, en la región etíope de Afar, se han fechado gracias a la actividad volcánica de la zona, que sigue siendo un entorno tectónicamente activo. Cuando los volcanes entraban en erupción, liberaban cenizas con cristales de feldespato que permiten determinar su antigüedad.
Los científicos pueden fechar las capas de ceniza situadas por encima y por debajo de los fósiles, lo que les da un marco temporal de entre 2,6 y 2,8 millones de años. Este método no solo revela la edad de los restos, sino que también ayuda a reconstruir el antiguo paisaje: un entorno de ríos, vegetación y lagos poco profundos, muy distinto a las áridas tierras erosionadas que vemos hoy.











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