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Anuncian acciones para proteger agua en sur



Luvianos, México.- El envío del agua de tierra caliente hacia la zona metropolitana del Valle de México, ha ocasionado severos daños en el sur del estado, así como en municipios colindantes de Guerrero y Michoacán, donde paradójicamente existe un grave desabasto del vital líquido, reportes de la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (CDI), señalan que actualmente el 10 por ciento de la población que habita en esa franja no cuenta con agua en sus viviendas.

Para denunciar y buscar solucionar esta problemática, “os defensores del Río Pungarancho” A.C. anunciaron que emprenderán diversas acciones, entre éstas solicitar el respaldo de estudiosos e investigadores que les permitan contar con un diagnóstico certero en torno a la calidad del agua en la región, donde la contaminación ha cobrado dimensiones preocupantes.

Aunado a lo anterior, pretenden que se implemente atención integral en los principales cuerpos de agua como el río Pungarancho, a través de programas y proyectos de saneamiento.

Un punto central en la agenda de los “Defensores del Rio Pungarancho” es exigir atención y retribución por daños a quienes han sido afectados por la sobreexplotación del agua; por las condiciones actuales en la región se observan daños diversos a la flora y fauna, están asociados al deterioro del medio ambiente.

La asociación, destacó que asimismo es importante tener un censo de los pobladores perjudicados por la problemática del agua, pues deben sumar miles los afectados en Tierra Caliente, donde hay varias comunidades sedientes, la gente no tiene siquiera agua para beber, la mayoría subsisten con lo que producen en el campo o en sus corrales, muchos aún usan velas para iluminar la noche y fogones para cocinar sus alimentos.

Parece increíble ver hogares tan humildes, y para tener agua deben ir hasta lejanos pozos o ríos, pero estos ya están muy contaminados y difícilmente pueden utilizarla para beber o bañarse, si acaso les sirve para lavar su ropa y otras necesidades, esto si bien les va, porque muchos de caseríos se encuentran en zonas áridas y los habitantes de esas regiones tienen que recorrer kilómetros antes de llegar a la comunidad más cercana donde puedan abastecerse con cubetas o tinacos, si es que cuentan con ellos.

Esto es producto de la marginación, el crecimiento poblacional, la contaminación y la falta de una cultura de cuidado del agua, el resultado es una severa escasez sobre todo en la zona conocida como Tierra Caliente, donde se anotan reportes de la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (CDI) que señalan a un 10 por ciento de la población en esta región, sin agua en sus viviendas.

El problema se agrava por la pérdida masiva de bosques y el cambio de uso de suelo, así como la degradación y el sobre pastoreo, por lo que hace falta una cultura del agua que evite el despilfarro, mal uso y contaminación por las aguas residuales no tratadas.

Esta carencia de agua es tierra caliente, por el lado de Michoacán comprende los municipios de Tiquicheo, Tuzantla, Nocupétaro, Carácuaro, Turicato, Huetamo y San Lucas, entre otros, y no se debe olvidar el problema de la cuenca Lerma-Santiago-Chapala, con el agua súper contaminada, sobre todo al cruce del rió Lerma por La Piedad , por el alto impacto de descargas de aguas residuales crudas.

En cuanto a la disponibilidad del agua a futuro se esperan desequilibrios críticos, debido a que la demanda excederá la oferta natural de aguas superficiales y los acuíferos subterráneos han sido sobreexplotados. En este contexto en donde se emprende una nueva lucha para frenar este deterioro ambiental y buscar el modo de resarcir daños, en ello han de trabajar los integrantes de la Asociación Civil “Defensores del Río Pungarancho”, preocupados por la problemática ambiental, así como la necesidad de proyectar propuestas a varios plazos, para atender lo antes posible a las comunidades afectadas por la extracción, explotación y contaminación de los cuerpos de agua, pues resulta incongruente, dijeron, ver como corre el rió, pero no tener la posibilidad de beber su agua, mucho menos meterse a nadar.