(Agencias)
La inteligencia artificial se ha convertido en una herramienta cada vez más presente en la vida cotidiana de niñas, niños y adolescentes. Aunque puede ofrecer beneficios educativos y facilitar el acceso a información, especialistas y organismos internacionales han advertido sobre riesgos relacionados con su uso sin supervisión.
Uno de los principales desafíos está relacionado con los contenidos generados o manipulados mediante IA. Herramientas capaces de producir imágenes, audios y videos realistas pueden utilizarse para crear material falso o humillante sobre menores, lo que incrementa las posibilidades de acoso, extorsión y exposición no consentida de su imagen.
Otro riesgo es la privacidad. Los sistemas de IA pueden procesar grandes cantidades de información proporcionada por los usuarios. Cuando menores comparten fotografías, nombres, ubicaciones, conversaciones o datos personales, existe la posibilidad de que esa información sea utilizada de maneras que ellos o sus familias no comprendan plenamente.
La UNESCO ha señalado que la expansión de la IA generativa plantea desafíos específicos para la educación y la protección de los menores, por lo que recomienda establecer límites de edad, garantizar la protección de datos y desarrollar competencias para utilizar estas tecnologías de manera responsable.
También existe preocupación por la dependencia de los asistentes digitales. Algunos menores pueden recurrir a sistemas de IA para resolver dudas personales, buscar consejos o incluso hablar sobre problemas emocionales. Sin una adecuada orientación de adultos, esto puede generar una falsa percepción de que una herramienta tecnológica puede sustituir la interacción con familiares, profesores u otros profesionales.
En el ámbito escolar, la IA también plantea un dilema. Puede ayudar a explicar conceptos, traducir textos o apoyar la creatividad, pero su utilización sin criterios educativos puede favorecer el plagio y reducir oportunidades para que los estudiantes desarrollen habilidades como el razonamiento crítico, la escritura y la resolución independiente de problemas.
La preocupación no significa que la inteligencia artificial sea necesariamente perjudicial para la infancia. El riesgo depende en buena medida de cómo, para qué y bajo qué condiciones se utiliza. Con reglas claras, protección de datos, educación digital y supervisión adulta, la tecnología puede convertirse también en una herramienta educativa.
El desafío para familias, escuelas, gobiernos y empresas tecnológicas consiste en encontrar un equilibrio entre innovación y protección. La niñez está creciendo en un entorno donde la IA será cada vez más común, por lo que enseñar a utilizarla de manera segura y crítica será tan importante como establecer límites a sus posibles usos dañinos.






