(Agencias)
El uso cada vez más frecuente de herramientas de inteligencia artificial (IA) ha abierto un nuevo debate científico: ¿qué ocurre con el cerebro cuando las personas delegan en una máquina tareas que antes realizaban por sí mismas?
La evidencia disponible no permite afirmar que utilizar IA “dañe” o atrofie físicamente el cerebro de manera directa. Sin embargo, investigaciones recientes y especialistas han advertido sobre posibles efectos cognitivos cuando existe una dependencia excesiva de estas herramientas, particularmente en actividades que requieren razonamiento, memoria, escritura y pensamiento crítico.
Una revisión publicada en 2026 en Computers in Human Behavior Reports señala que la investigación sobre la llamada dependencia de la IA todavía está en desarrollo. Los estudios existentes apuntan a posibles fenómenos de “descarga cognitiva”, en los que una persona delega determinadas tareas mentales en la tecnología, además de riesgos de pérdida de habilidades específicas cuando la herramienta sustituye de manera habitual el esfuerzo intelectual.
En México, la académica de la UNAM Pilar Durán Hernández ha advertido que el uso inadecuado de la IA puede reducir la actividad cognitiva involucrada en procesos como el razonamiento, la toma de decisiones y el pensamiento crítico. La especialista subraya, sin embargo, que utilizada correctamente, la IA puede funcionar como un multiplicador de productividad y una herramienta de apoyo.
El riesgo, por tanto, no parece estar únicamente en cuánto se utiliza la IA, sino en cómo se utiliza. Resolver un problema con apoyo de una herramienta y después revisar, cuestionar y comprender el resultado implica una participación mental distinta a simplemente aceptar una respuesta generada por una máquina.
También preocupa el impacto en el aprendizaje. Si estudiantes recurren constantemente a la IA para escribir, resolver ejercicios o generar argumentos sin desarrollar primero sus propias ideas, podrían practicar menos las habilidades que esas actividades buscan fortalecer. La literatura científica actual considera este campo una prioridad de investigación, aunque reconoce que todavía existen preguntas abiertas sobre los efectos a largo plazo.
Otro punto relevante es que la IA puede ser especialmente útil cuando se emplea como asistente y no como sustituto del pensamiento humano. En ese sentido, especialistas recomiendan mantener actividades que obliguen a razonar, escribir, leer críticamente, resolver problemas y comprobar la información obtenida de sistemas de IA.
La conclusión de la evidencia disponible es más matizada que decir que “la IA mata neuronas” o que usarla mucho necesariamente provoca daño cerebral. Lo que sí está bajo estudio es si una dependencia excesiva puede hacer que determinadas capacidades cognitivas se ejerciten menos y, con ello, se deterioren habilidades específicas.
Por ello, el desafío no necesariamente consiste en abandonar la inteligencia artificial, sino en evitar que la comodidad tecnológica reemplace por completo el esfuerzo intelectual. Utilizarla para ampliar capacidades, verificar información y ahorrar tiempo puede ser distinto a permitir que piense, escriba y decida por nosotros.





