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El dilema de los cristianos devotos en EE.UU. tras el fallo judicial en Alabama


Redacción El Monitor


Cuando la Corte Suprema de Alabama definió a los embriones congelados como niños, el shock y la confusión fueron inmediatos. Los principales hospitales retiraron los tratamientos de fertilidad y los futuros padres buscaron certezas sobre lo que sucedería a continuación.


El debate sobre los derechos reproductivos en Estados Unidos ha sido impulsado durante mucho tiempo, en parte por la oposición al aborto de grupos cristianos, pero esta decisión ha dividido a ese movimiento y encendido el debate sobre el papel de la teología en cómo se hacen las leyes estadounidenses.


Margaret Boyce es una persona reservada de voz suave. En sus propias palabras, no alguien a quien la guste gritar.


Llevaba 10 meses tomando medicamentos para la fertilidad y estaba a días de su primera cita para la fertilización in vitro (FIV) cuando los jueces del máximo tribunal de Alabama emitieron una decisión que ha puesto su vida en suspenso.


Esa decisión, que llevó a muchos centros de fertilidad a detener su trabajo, la ha llevado a recurrir a la Biblia diariamente en busca de consuelo.


A una cristiana devota como Margaret le resulta difícil comprender una decisión, que tiene consecuencias sobre lo que ella ve claramente como un proceso para crear vida.

"Dios "te dice que vayas, seas fecundo y te multipliques", afirma.


La fecundación in vitro (FIV) es un tratamiento difícil y prolongado que implica la fertilización de los óvulos con esperma en un laboratorio para crear un embrión microscópico. El embrión fertilizado luego se transfiere al útero de la mujer, donde puede resultar en un embarazo, aunque esto no sucede en todos los casos.

Los embriones a menudo se congelan o se destruyen.


La FIV representa alrededor del 2% de los embarazos en Estados Unidos.

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