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A cien años de distancia, don Zenen Jaimes mantiene orgulloso el legado de su padre don Silvano, el viacrucis de Cañadas de Nanchititla


Marycarmen Aguilar Franco

Fotos : Israel Hernández


Luvianos, México. Con la satisfacción del deber cumplido se muestra Don Zenén Jaímes Rebollar, al hablar sobre esta celebración en Cañadas de Nanchititla, al cumplirse cien años de haber iniciado la tradición del viacrucis, por su padre Don Silvano Jaímes, quien naciera en 1892, convirtiéndose en un poblador muy comprometido con las necesidades de su pueblo natal, donde se involucró bastante en el tema de la pequeña parroquia, viajando a la Ciudad de México para tramitarla como vicaria.



Esto ocurrió en 1924, y a modo de agradecer por haber obtenido la autorización y nombramiento a la parroquia, realizaron la primer procesión como agradecimiento, esto fue solo con figuras cargadas en hombros por los pobladores, y fue hasta 1940 cuando se realizó un libreto y se organizaron para una representación muy rudimentaria, pero el inicio se marca prácticamente en el 24, indicó.



A un siglo de distancia, don Zenén Jaímes recuerda toda su vida en torno a esta tradición, igual como ocurre a todos los pobladores de Cañadas de Nanchititla, antes municipio de Tejupilco, ahora pertenecientes a la municipalidad de Luvianos, quienes crecieron viendo y escuchado a sus padres ensayar cada año los argumentos, y así como niños participaron también en las representaciones de la vida y milagros de Jesús, tal como empieza la mayoría, acompañan como “los amigos de Jesús”, y conforme crecen toman papeles de mayor relevancia protagónica, como ocurrió este año con el joven Enedino Gallegos, quien personifico a Cristo.


EL ORIGEN


Tal como recordó este año don Zenén Jaímes, en 1924 se creó como Parroquia la Vicaría de Cañadas de Nanchititla, resultado del esfuerzo y las acciones emprendidas por la población, alentada por Don Silvano Jaimes Jaimes, ilustre personaje de esta localidad, quien muchos tramites realizó ante autoridades eclesiales en la ciudad de México para poder tener mayor rango en el pequeño templo.



Una manera de dar realce a este hecho de contar con el nombramiento de parroquia, fue organizar a los feligreses para conmemorar la semana mayor, y realizar la primer procesión con las imágenes del nazareno, la Virgen María, Magdalena y San Juan apóstol, acompañándolos con rezos y cantos religiosos para recordar los diversos pasajes del viacrucis.


Después entre 1926 y hasta 1929 suspendieron la conmemoración de la Semana Santa, pues la persecución religiosa obligó a los pobladores a esconder sus sagradas imágenes, lo hicieron en el lugar conocida ahora como la “cueva de los santos”; recobrándose por el propio Don Silvano hasta 1940, cuando la idea era hacer algo más real.



Con mucha dedicación elaboraron un libreto, con los principales pasajes de la Pasión de Cristo, y se alternaba en la presentación los vecinos de Cañadas de Nanchititla y las imágenes de la parroquia, entre ellas la de Jesús, a quien no se atrevían a representar con una persona, precisamente por respeto a su nivel celestial.


Los primeros actores en su mayoría no sabían leer, pero Don Silvano pacientemente les explicada todos los parlamentos, así se aprendían como podían las palabras de cada personaje. Mientras tanto los jóvenes acudían a la humilde y muy sencilla escuela rural; cuando ya sabían leer y tenían edad, se integraban al elenco del cada vez más elaborado y esperado viacrucis.



En 1945 los organizadores encabezados por Don Silvano Jaimes se animaron a darle vida a Jesucristo, y el honor fue para el joven Salvador Rebollar Ramos; como María se anotó María del Carmen Jaimes; Poncio Pilato fue interpretado por Efraín Jaimes; el papel de Claudia fue para María Guadalupe Jaimes y como el rey Herodes participo Almaquio Hernández.


Muchos más nombres de pobladores se sumaban a la lista de actores improvisados, quienes ponían todo su empeño por hacer muy reales cada una de las escenas del viacrucis dirigido por Don Silvano Jaimes hasta sus últimos días, en 1975 cuando falleció.



Para entonces la organización y representación del viacrucis Viviente de Cañadas de Nanchititla era todo un acontecimiento para la población y comunidades aledañas; los párrocos en turno se ocupaban de fomentar la participación de la gente, y fue modificándose poco a poco la tradición, como en 1983 cuando el padre Demetrio Sánchez aportó un nuevo libreto, corregido y aumentado al iniciado por el padre Amando Silva, imprimiéndole mayor fuerza a las interpretaciones de los entusiastas jóvenes quienes lucían para entonces vestuarios cada vez mejor elaborados.



Para 1984 el hijo de Don Silvano, Zenén Jaimes Rebollar toma la responsabilidad de preservar y fortalecer esta tradición y lo hace de manera integral, agregó nuevas escenas, basado totalmente en las santas escrituras, estudió igualmente el tipo de ropajes para hacerlos lo más cercanos a las descripciones de la época, cuando crucificaron a Jesucristo.



Conforme han pasado los años, con gran interés, devoción y compromiso, don Zenén apoyado por su esposa e hijos, así como familiares, amigos y la comunidad de Cañadas han renovado año con año equipos, vestuarios, diálogos, escenas, apuntalándose con las nuevas tecnologías, equipos de sonido y luces, así como pantallas, micrófonos inalámbricos, maquillajes.



De esta manera, con la dedicación de la familia Jaimes, Luvianos tiene un patrimonio cultural, histórico envidiable; se ha convertido en motivo ideal para un viaje turístico único, con historia local como herramienta, reforzada con las tradiciones y arraigadas costumbres convertidas al paso de los años en riqueza luvianense inigualable, tal como se describe ahora al viacrucis vivo de Cañadas de Nanchititla.



Esta acción singular de los feligreses, llega al aniversario número 100 de haberse presentado por primera ocasión, por iniciativa de don Silvano, cuya descendencia, de al menos cuatro generaciones han mantenido el legado, incrementado cada año la relevancia de esta labor comunitaria, donde el pueblo se vuelca en fervor y participación, dándole un realce singular.


Destaca igualmente, acciones similares en varios de los poblados más importantes de Luvianos, por ejemplo la cabecera municipal, donde se desarrolla desde hace más de 30 años el teatro Bíblico, con la representación durante una semana de diversas episodios de la biblia, previos a la pasión de Cristo, costumbre que igualmente se ha modificado con los años y en alguno casos hasta se han dejado algunas prácticas o mandas, como las mujeres de negro, quienes se colocaban una corona con espinas en la cabeza. Ahora se han sumado otras acciones, como los penitentes, quienes avanzan con un tronco colocado sobre su espalda y brazos extendidos.



En esta tradición de Semana Santa se anotan otras poblaciones donde los protagonistas en estas puestas teatralizadas son los mismos lugareños, quienes ponen todo su empeño y entusiasmo, como San Juan Acatitlán o Hermiltepec. Sobre estas tradiciones, el profesor Israel Hernández López, preparó hace algunos años un proyecto entregado a los integrantes de la comisión de Desarrollo Turístico y Artesanal de la LX Legislatura del Estado de México, quienes convocaron a un foro para la creación de una Ley de Turismo Sustentable y Desarrollo Artesanal del Estado de México, donde resaltó como atractivos turísticos y culturales el Viacrucis Viviente de Cañadas, poblado enclavado en la Sierra de Nanchittla, al sur del estado de México, colindante con Michoacán y Guerrero.


Actualmente Don Zenén Jaímes sigue a cargo, junto con su esposa Antonia Ramírez, sus hijos, nietos, sobrinos, vecinos, amistades, pobladores, quienes colaboran y participan con entusiasmo y compromiso, convirtiendo el pueblito de Cañadas en un escenario gigante, con bellos paisajes de la sierra y la quietud de una población entregada por completo a organizar y realizar la mejor escenificación de esta conmovedora historia, donde cada año se involucran más y más personas, incluso ahora se realiza también la pascua infantil, y niños y niñas realizan igualmente un pequeño viacrucis.



En esta tradición con un siglo de existencia destaca la marcha de los ocotes, ocurre el viernes santo, cuando en absoluto silencio van los feligreses detrás de la imagen de la dolorosa quien llora inconsolable la muerte de su hijo, y acompañan también el cuerpo inerte del mesías, alumbrado con estas varitas; esas luces mortecinas que acompañan a Jesús, bajado de la cruz donde entregó su alma al creador, elevando una de las plegarias más aleccionadoras de la historia, “Perdónalos Señor, no saben lo que hacen”.


Esta procesión concluye en el atrio de la iglesia, donde se simula el sepulcro, para rezar y velar el cuerpo que habrá de resucitar, tal como lo ofreció a sus apóstoles, como mensaje esperanzador y alegría sin límites para los creyentes, siguiendo el programa litúrgico y la tradición local con el “Barrabas” quien pasa molestando por las calles, haciendo bromas a la gente o asustando a los niños, mientras, desde un balcón que da a la Plaza Principal se da lectura al “Testamento de Judas”, otra costumbre muy interesante donde se requiere de una creatividad y gracia especial para emitir los mensajes y algunos reproches a figuras públicas y personas muy conocidas de la población.



Las Cañadas de Nanchititla y sus pobladores tienen una historia muy peculiar, pese a ser un pueblito muy pequeño, presume edificaciones que revelan un pasado prominente, casa de adobe de dos pisos, con tejado, una plaza amplia, su capilla con casa parroquial y atrio, atestiguando desde siempre aquellos lejanos años, cuando don Silviano Jaimes Jaimes, convirtió la Semana Santa en un suceso para la comunidad luvianense.


Por la noche del viernes, en señal de luto, los feligreses marcharan silenciosamente; alumbran su camino con varitas de ocote, tal como lo hicieran aquella primera procesión en 1924, unidos en pesar y oración para acompañar en su dolor a la Virgen María, y así poder llegar al sábado, cuando el pueblo se reúne al anochecer para conocer el contenido del “testamento” de Judas, una costumbre muy singular donde se aprovecha la ironía y el sarcasmo para señalar con ingenio errores, “horrores” y desvaríos de personajes reconocidos y conocidos por la población, inclusive políticos, causando la risa continua, para enseguida quemar a Judas y realizar también el encendido del fuego nuevo, concluyendo con la misa de resurrección, resguardando energía para completar el programa final del domingo con misa y convivencia.



En diversas charlas y entrevistas con Don Zenen, nos ha comentado sobre la transformación y evolución de esta tradición, recuerda con nostalgia aquellos tiempos de su infancia, cuando participaba en el viacrucis, aunque no se realizaba con personajes, solo era una marcha de figuras colocadas en pequeños pedestales, para recorrer las calles con el Mesías torturado y crucificado, contagiándose desde su tierna infancia del fervor y devoción de su padre Don Silvano Jaimes, quien al fallecer dejo la estafeta de esta tradición.


 Don Zenén no titubeo para proseguir con la costumbre anual iniciada por su padre; aunque había muchas dificultades para realizar, el busco siempre la manera de cumplir con la encomienda, y al paso de los años fue perfeccionando la escenificación, modificando, agregando capítulos, incorporando los adelantos tecnológicos de cada época, luces, reflectores, micrófonos cada vez más pequeños, hasta ser ahora casi invisibles, diminutos, inalámbricos, y darle mayor fuerza a las participaciones actorales de los pobladores, quienes cumplen en familia, también por tradición con la encomienda de los diversos personajes, alternados en ocasiones o fijos muchos de ellos.



Por supuesto la preparación física y espiritual de quien personifica a Jesús es compleja, pues luego de pasar por todos los pasajes bíblicos, marcados los momentos más cruciales, antes de su “muerte”, habrá de recorrer al menos un kilómetro y medio cargando una cruz de Madre de más de setenta kilos, hasta llegar al “Monte del calvario”, donde luego de concluir con el pasaje de su muerte y descenso, todo el elenco se toma la foto del recuerdo, y por supuesto la de este año resulta conmemorativa e histórica.


Así es como por cinco generaciones han logrado preservar un legado familiar, convertido ahora en patrimonio cultural de Luvianos, y podría considerarse de toda la región sur del estado, pues desde el pasado siglo Cañadas de Nanchititla se convierte en un escenario gigante, hasta el sitio han llegado de diversos puntos del país, muchos viajan desde Estados Unidos y por millares se cuentan los espectadores, quienes han disfrutado de los bellos paisajes de la sierra y la quietud de una población entregada por completo a organizar y realizar la mejor escenificación posible de esta historia conmovedora, actuada por los pobladores, quienes nos reiteran un mensaje universal de amor y de perdón.


VIACRUCIS DE CAÑADAS MAS QUE UNA TRADIICÓN UNA LECCION DE VIDA


Este tradición se ha convertido ahora en un símbolo de identidad y orgullo regional que traspasa fronteras, es también elemento unificador y reflexivo, gracias a don Zenén Jaímes y sus familia, quienes se han ocupado de consolidar esta tradición por varias décadas, cumpliendo con creces, ofreciendo año con año un sello especial en cada viacrucis, con uno de los mensajes de amor más hermosos y concisos de la historia: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”.



No se trata solo de cumplir con la tradición y un compromiso actoral ocasional, eso adivinamos al platicar con Don Zenén en varias ocasionas, una de ellas bajo el esplendor de una magnifica luna llena que acompañó la procesión del silencio, cuando se incorporó en el programa por primera ocasión, el traslado del cuerpo de Jesús sacrificado a una “ermita”, para ser velado y venerado durante toda la noche.


La invitación a todo el poblado fue guardar silencio “porque Cristo a muerto” y se debe acompañar también su cuerpo, en oración e introspección personal, durante la oración y el momento fúnebre de las personas quienes se reunieron a rezar e iluminar el momento con ceras, mientras escucharon el mensaje que nos reitera el propósito de esa muerte, el deseo y misión de Jesús para derramar su sangre y con ello lograr el perdón de los pecados de toda la humanidad.



La empresa no ha sido fácil, pero ha sido muy grata nos dice Don Zenén, y mientras la imagen de la Dolorosa, de la Virgen María y la cruz que avanza por las calles de Cañadas, él recuerda tantos momentos, y entre la nostalgia y la risa recorre lo más que puede esos años de tradición que son un legado de relevancia inusitada, aunque pocos logran aquilatarlos en toda su magnitud.


En rescate de esos momentos él se ha dado a la tarea, no solo de recuperar escenas antiguas, también de preservar la costumbre y el propósito, y su empeño ha pasado toda clase de pruebas, como cuando tuvieron que conseguir un “Cristo” justo el mismo día de iniciar las escenificaciones, pues quien estaba designado decidió no participar.

Igual batalló cuando nadie del pueblo quería representar los papeles protagónicos; apoyado por sus hijos invitaron a compañeros de escuela y ensayaron en Toluca, el asombro para los habitantes de Cañadas fue también lección, al observar a los estudiantes del Tecnológico de Monterrey entregados a cumplir con algo que pertenece a Cañadas y su gente.



Las anécdotas son varias y sobresalen las graciosas, pero también hay momentos angustiantes, la sal y emoción de esta tradición, que se expande a otras fronteras, a través de las nuevas tecnologías, permitiéndonos admirar con mayor esplendor los pasajes de la pasión y muerte de Cristo, con trasmisiones en vivo, sonido claro con micrófonos inalámbricos, refuerzo de escenas con pantallas gigantes, juegos de luces profesionales, musicalización de alta calidad, vestuario bien seleccionado, según investigaciones históricas de la época, y demás elementos que hacen de la escenificación todo un espectáculo de gran producción.


Se han realizado varios videos caseros y no es muy lejano la producción de uno profesional; son ya también objetos de colección los calendarios que cada año reciben como invitación los lugareños con alguna fotografía bien lograda, además del programa de las actividades, esta ocasión dedicado por supuesto a Don Silvano y a su esposa.



Y aun con todo cuanto puede significar esta popularidad lograda y la fama alcanzada por Cañadas, gracias a sus costumbres y acciones de Semana Santa, en Don Zenén Jaímes no cabe un solo gesto de presunción, su sencillez emana en cada palabra y en cada recuerdo, demuestra las bien aprendidas lecciones de vida dejadas, por sus padres y en este caso complementadas con las de Jesús; él a su modo y posibilidades ha seguido esos ejemplos, dejando principalmente en Cañadas constancia de ello.


El viacrucis pues, se ha tornado en mucho más que escenificar pasajes históricos de mensajes universales, es para Cañadas de Nanchititla, y para el propio municipio de Luvianos, el estado y el país, un ejemplo vivo de solidaridad y de entrega a un compromiso social y personal para con nuestros semejantes, que debe extenderse más allá de los días santos, para convertirnos en mejores personas cada día del año.



Así es como llega esta tradición a cien años de haberse iniciado en este lugar, donde con enorme entusiasmo se han concentrado por semanas en la parroquia de San Nicolás de Tolentino, convertida en uno de los tantos foros y sitio de ensayo para los cientos de actores, quienes ahora lucen vestuario cuidadosamente elaborado, muy distinto al de aquellos tiempos humildes de las primeras representaciones, cuando la improvisación y sencillez eran el ingrediente principal, ahora se proyectan a excelente nivel con la adecuación de equipos sofisticados de audio y videos, que hacen resaltan los fastuosos y bien cuidadas locaciones.


 La representación del Vía crucis es una tradición promovida por la Orden franciscana; San Francisco de Asís fomento la devoción a Cristo y en particular a los episodios de un nacimiento y muerte, con marcado carácter bíblico; consta de 14 estaciones, esto es episodios de la Pasión del Señor, a veces, como sucede ahora en Cañadas de Nanchititla se añade una decimoquinta, dedicada a la resurrección de Cristo. En este ejercicio piadoso, las estaciones tienen un núcleo central, expresado en un pasaje del Evangelio o tomado de la devota tradición cristiana, que propone a la meditación y contemplación uno de los momentos importantes de la Pasión de Jesús.



 Igual se distingue la cabecera municipal de Luvianos, donde tienen más de sesenta años de realizar, mucho más que el clásico viacrucis Viviente de Jueves y Viernes Santo; aquí desde el Domingo de Ramos empiezan las actuaciones, y prosiguen toda la semana; el precursor de este Teatro Bíblico fue el padre Demetrio a quien recuerdan con mucho afecto quienes ahora llevan la responsabilidad de preservar esta tradición, donde igualmente los adelantos tecnológicos les permiten ofrecen un espectáculo muy elaborado, dirigido por el señor Villaruel y un gran equipo de colaboradores.


El recinto parroquial, construido con el propósito de hacerlo foro cada Semana Santa, se volvió pequeño, cada año tienen más y más espectadores, por eso se presentan ahora en el teatro al aire libre de la plaza principal, donde hasta dos mil personas se reúnen a disfrutar de las actuaciones y los diálogos del libreto escrito por el propio Padre Demetrio, el cual siguen fielmente, rindiéndole así homenaje permanente a su memoria; agradeciéndole durante estas fechas por haberles dejado una tradición que disfrutan en familia, desde elaborar las escenografías, diseñar y mejorar el vestuario, hasta ordenar las sillas antes y después de cada una de las siete funciones y agregar diversos detalles, incluso una ocasión se sumó al elenco una boa albina, causando sensación por lo bien portada.



San Juan Acatitlán no se quedan atrás, igualmente se organizan mediante un patronato de la parroquia, con mayordomos y encargados de ver todo lo necesario para organizar y presentar su Víacrucis, todo con recursos propios, según resaltan los organizadores quienes buscan ofrecer cada año un mejor espectáculo, donde enternece la participación de dos pequeñas, una vestida de ángel y otra de florecita, quienes le recitan hermosos mensajes de aliento a Jesús, poco antes de la aprehensión, cuando Don Ninfo Marcial Pascual se encarga de tocar la chirimía y un tamborcito, mientras un grupo de niños y niñas vestidos como soldados romanos hacen valla en la plaza principal donde colocan dos escenarios.



El contraste lo vemos en el Reparo de Nanchititla, donde admirar el viacrucis es como viajar en el tiempo, con sencillas vestimentas y escenografías pintadas a mano en papel, pegadas en las fachadas de algunas casas donde se arman las escenas, pues aquí no hay grandes templetes como escenarios; muy singular resulta además el baile y paseo de Judas. Aquí destaca de manera especial los azotes reales propinados a Jesucristo, quien camina descalzo con la pesada cruz de madera al hombro.



No faltan las marchas de picas (varas largas con tiras de papel de colores) y la procesión silenciosa, para culminar el sábado con la misa de gloria y la escena de la resurrección, entre muchas otras innovaciones que cada poblado agrega a sus representaciones; resultando todas un gran atractivo turístico que atrae cada año a más y más visitantes, interesados en disfrutar de estos espectáculos sin aglomeraciones.



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