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Editorial



Tras la elección del pasado primero de julio, la incógnita es si a la postre Andrés Manuel López Obrador, junto con su MORENA, serán el instrumento de “el poder” para meter en cintura a todos los amigos, enemigos y favorecidos, que abusaron de la confianza y lucraron con los recursos nacionales para su personal provecho.

Los casi 30 millones de votos a favor de “Juntos Haremos Historia”, en todo el país, representan el repudio colectivo, para enjuiciar a los “promotores” de la impunidad en las esferas oficiales, amparada en la red de complicidades burocráticas que tiene a México, ahogado en las peores carencias sociales, que propició la perversa maquinación de “quien realmente nos dirige”, para cobrar todas las facturas que tienen por pagar los “aprovechados” de la vanidad.

Ante el monstruo enfurecido, que cobró factura al Partido Revolucionario Institucional, hoy reducido a la tercera fuerza política en el Estado de México, la lucha contra la corrupción en el sector público de la que tanto habla el Presidente electo, es un anhelo que comparte el colectivo.

Millones aguardan ávidos ver rodar cabezas; a estas alturas los panegíricos del López Obrador no ven la hora de que se comiencen a encarcelar a los “ladrones, traidores, espurios”, de los que tanto habló su líder político que durante 18 años, fue sembrando encono.

Precisamente ahí radica hoy el problema que enfrentará AMLO para lograr la reconciliación a la que llamó desde que se supo ganador en las urnas. Si esa reconciliación a la que paradójicamente hoy alude, llega tarde luego de enfrentar al pueblo, el país corre el riesgo de caer en la anarquía.

En el Estado de México, referente de “porquerías” electorales y de todos los vicios en torno a comicios, como los que acabamos de vivir, donde el lodazal se desbordó, la gravedad tras ese proceso es para preocupar a cualquiera, no sólo al gobernador Alfredo Del Mazo Maza. El caso mexiquense se cuece aparte, aquí la barredora fue de dimensiones mayúsculas, de las 45 diputaciones en disputa, se ganó una, de las Senadurías mejor ni hablar, César Camacho, ex casi todo y Eruviel Ávila, ex gobernador, sólo podrán ver las sesiones de la Cámara de Senadores en el Canal del Congreso; Ayuntamientos 22 de los 125, son los que se ganaron.

¿Cuándo perdimos? Los ciudadanos perdimos desde hace mucho tiempo, el PRI cuando dejó de abanderar las causas populares, perdió cuando permitió que un pequeño grupo dispusiera de las candidaturas en beneficio de intereses particulares, perdió cuando olvidó hacer política con palabras y apostó a la dádiva –como hoy hacen todos los partidos-, a través del clientelismo; perdió cuando abandonó el esfuerzo por democratizarse; desde que por pragmatismo hizo a un lado la ideología, base fundamental de la política.

Los mexicanos perdimos desde los gobiernos que, emanados de nuestras filas, han permitido o prohijado la corrupción, el engaño y la mentira; no han sabido garantizar la seguridad ni la igualdad de oportunidades a tod@s, para decirlo con todas sus letras: han sido inmorales o ineficientes en su actuación y nosotros nunca les hicimos reclamo alguno.