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Editorial



El arribo a la Presidencia de Andrés Manuel López Obrador. obliga a preguntar por sus planes –si los tiene–, para la política exterior del país.

López Obrador –conocido por las siglas de su nombre, AMLO– dedicó buena parte de su campaña electoral a prometer el fin de la desigualdad socioeconómica, “mano dura” contra los corruptos de cuello blanco, un alto tanto a la violencia como a la impunidad que la fomenta, y otras curas para otros males crónicos que aquejan a sus compatriotas. No obstante, el triunfo del político de 64 años en los comicios del 1 de julio obliga a preguntar también por sus planes para la política exterior del país, sobre todo considerando las circunstancias que lo enfrentan con Estados Unidos.

López Obrador no tiene un perfil en lo que respecta a la política exterior; eso no parece interesarle. Cada vez que ha debatido sobre ese asunto, ha alegado que ‘la mejor política exterior es la política interior’, queriendo decir que si México hubiera resuelto sus numerosos problemas internos no tendría las fricciones que hoy tiene con su vecino del norte. Lo que ensombrece las perspectivas a corto plazo es que el actual presidente de Estados Unidos piensa de la misma manera.

La tendencia de Donald Trump a jerarquizar la política interior de Estados Unidos por encima de su política exterior y a instrumentalizar las crisis externas para hacerse propaganda en casa hace temer que la diplomacia entre las dos naciones sea la primera sacrificada con ls llegada al poder de AMLO.

Si ese escenario se consuma, México corre el riesgo de convertirse en una fuente de incertidumbre política y como lo ha sido Estados Unidos desde que Trump tomó sus riendas.

Lo máximo que ha hecho López Obrador hasta ahora, al pronunciarse sobre tópicos alusivos a la soberanía nacional –como la construcción de un muro en la frontera mexicano-estadounidense o la separación de las familias mexicanas que han entrado irregularmente a Estados Unidos, por ejemplo– ha sido apoyar al Gobierno de Enrique Peña Nieto y decir que los intereses nacionales deben ser defendidos. Pero de esas palabras no se desprende cómo sería su gestión ejecutiva a escala bilateral, de cara a Estados Unidos, o a escala multilateral.

El impasse México-Estados Unidos debido a las políticas migratorias de Trump no es el único asunto exterior esperando por una postura definida de AMLO. México ha apoyado activamente los pactos internacionales para frenar el calentamiento global, ha promovido la no proliferación de armas nucleares, y se ha comprometido a participar en misiones de paz y estabilización con miras a contener la violencia en zonas de conflicto. Esas y otras áreas demandan un posicionamiento claro

Ante eso, deja en el aire la impresión de que el lapso entre su elección y su juramentación como presidente le basta para diseñar la política exterior de su Gobierno porque, de por sí, no son muchos los cambios que un mandatario mexicano puede hacer en esas lides.

Ana Lilia García Castelán