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Los orfebres que dieron fama del oro a Tejupilco



**Juan Ramírez y su hijo Juan Campuzano

**El origen

Tejupilco, México.- Don Juan Ramírez - Campuzano, el gran orfebre fue hijo de Martín Ramírez Campuzano nacido en la Hacienda de Guadalupe en 1844 y de Doña Ricarda Campuzano Campuzano nacida en el mismo lugar en 1846. Ricarda era hija de primos hermanos y volvía a contraer matrimonio con un primo hermano, por ello sus padres cambiaron su segundo apellido por el primero siendo a partir de aquellos años Ramírez y ya no Campuzano. Su hijo Juan retoma el apellido de sus antepasados en el siglo XX y por eso es conocido como Juan Campuzano.

Nacido en la casa que lleva el número 1 de la Avenida Juárez en el Centro de Tejupilco. Sus padres nacieron en la Hacienda de Guadalupe Ixtapan y sus bisabuelos provenían de Sultepec, donde desde el siglo XVI poseían minas de plata. El apellido real de esa familia es Ramírez de Arellano. El oficio de orfebre lo traía de herencia pero también aprendió otros muchos: relojero, escultor, pintor, zapatero, etc.

Don Juan Ramírez el gran orfebre casó en primeras nupcias con Doña Pinita Rodríguez. De ese matrimonio nacieron: Elisa, que casó con Tomás Domínguez, Adelina, que murió soltera y sin descendencia, y Gaspar que fue sacerdote y cura de Tejupilco.

Viudo contrajo matrimonio con Doña María Dolores Benítez de Ariza y Benítez de Ariza nacida en San Simón Tejupilco, fue hija de Don Julián Benítez de Ariza Arce y de Doña Soledad Benítez de Ariza Gómez de Betanzos (sobrina de Don Encarnación de Carvajal y Gómez el primer boticario de Tejupilco y ocho veces Jefe Político o Presidente Municipal), ellos también eran primos segundos, nacidos en San Simón pero con origen en la Hacienda de la Tenería de Cuentla.

Del matrimonio de Don Juan y Doña Dolores nacieron: Carlos que casó con Maria Uribe, Gilberto que casó con Graciela Jaramillo, Carmen soltera sin descendencia, Esperanza que casó con Herminio Santín, Rebeca que casó con Elías Muciño, Jaime y José Maria que murieron jóvenes y Juan.

A temprana edad aprendió el oficio de su padre Don Martín Ramírez, Don Juan diseñaba fabulosas joyas de filigrana, majestuosas custodias incrustadas con piedras preciosas encargadas por obispos y curas para sus catedrales y parroquias, Además de custodias, báculos, cáliz, charolas, marcos, cachas de oro y plata, armas, copas, y ornamentos, diseñó coronas de plata y oro macizo con piedras preciosas para las imágenes de muchos santuarios de México.

El Báculo del primer obispo de Toluca fue encargado por el mismo obispo a Don Juan, quien dejó en entera libertad al artista para el diseño: La lucha del bien y el mal, todo el Báculo fue esculpido con figuras que representan la lucha de Dios contra Satanás. El obispo quedó tan complacido que le encargó una custodia de enormes dimensiones para el Seminario de Toluca y otra para el Templo del Carmen. Hizo una custodia de dimensiones extraordinarias que se desarmaba en 2 partes de lo grande para la parroquia de Temascaltepec, (más de un metro), toda de plata dorada con piedras preciosas.

Don Juan Ramìrez y su hijo sacaban una pequeña mesa de madera con un mantel rojo de terciopelo y sobre ella colocaban para su venta las alhajas que hacían cada día o por encargo para muestra y deleite de las damas: anillos, rosarios, collares, dijes, aretes, pulseras, prendedores, etc de exquisita hechura eran elaborados en el rudimentario taller de su casa por el padre y el hijo del mismo nombre.

Juan hijo nació el 2 de marzo de 1921 y casó en 1961 con su prima María del Carmen Gómez de Betanzos García. De ese matrimonio nacieron 4 hijas y un hijo. Juan fue un niño sano,educado y respetuoso como lo eran todos los niños de aquel tiempo, desde una edad temprana ayudó a su padre en toda clase de labores propias de los múltiples oficios que Don Juan Ramírez Campuzano tenía: orfebre, ebanista, escultor,pintor, zapatero.

Como propietario del más respetuoso taller de orfebrería de Tierra Caliente, don Juan necesitó la ayuda de sus hijos en especial la de Juanito, a quien Dios había bendecido con prodigiosas dotes artísticas. Desde niño se convirtió en un respetable y famoso orfebre, su primer joya la realizó a la edad de 10 años, todo tipo de joyas en plata y oro eran encargadas al artesano creador de fabulosos y delicados diseños de propia inspiración.

“Antes no había puestos de oro en los portales, el único puesto lo tenía mi papá y luego yo,era una mesita en la entrada de mi casa llena de las joyas que hacíamos sobre pedido y para vender” “Compraba pedazos de oro o monedas los fundía y hacía las joyas” Platicaba Don Juan.

El oficio, la profunda fe y religiosidad de la familia los mantuvo siempre cerca de la vida parroquial, toda clase de labores artísticas necesarias en la Iglesia eran realizadas por Don Juan y su hijo. Don Juan padre aprendió el arte de la escultura de un anciano habitante de Tejupilco hijo de escultor llamado Bentura; pero fue copiando las formas y estilos de las imágenes virreinales existentes en la Parroquia. Como se convirtió en un gran escultor, numerosas piezas llenas de vida y expresión, talladas a mano en maderas duras como corazón de tepehuaje casahuate, parota y ocote permanecen en los altares de muchos templos de México como testimonios artísticos y de fe de un hombre lleno de talento. En nuestro municipio sólo existe un Cristo en la capilla de Mazatepec. Hay otro en Huayatenco. Otros muchos fueron devorados por el fuego del odio gubernamental contra la fe en la Guerra Cristera.

El artista todo lo hacía con sus prodigiosas manos en un rudimentario taller instalado en su propia casa; en el fuego fundían las monedas de plata y oro y las creaciones eran adornadas con piedras preciosas adquiridas en joyerías de la Ciudad de México.

Por curiosidad y diversión aprendió también el oficio de relojero,todo tipo de relojes y mecanismos hacía funcionar, “El comprender el mecanismo y hacerlo andar dependía de la perfecta colocación en el espacio diseñado para ello de cada pieza, me divertía enormemente haciendo eso, era un juego entre el reloj y yo”, me platicó el tío Juan. (primo hermano de bisabuela Abigaíl Ramírez López), “juego que yo ganaba cada que terminaba la reparación”. ” Los relojes de bolsillo, y de pared, eran los más comunes en un principio, poco a poco fueron llegando para quedarse los relojes de pulsera, que con el paso del tiempo se hacían más pequeños y daba más trabajo repararlos” “Yo viajaba a México constantemente por piedras preciosas, herramientas, piezas de relojes etc. Cuando no había piezas para los relojes yo mismo las fabricaba apenas con lo indispensable y con mucho ingenio”. “Me gustaba comprender el funcionamiento de todo tipo de maquinarias, máquinas de escribir, de coser, etc, todo lo entendía y lo reparaba”. Decía el tío Juan.

El reloj que más conoció y de compostura mas fácil fue el de la torre de la Parroquia, primero su padre y luego él, desde su instalación en 1910 que fue un regalo del Presidente Porfirio Díaz a Tejupilco para celebrar el centenario de la Independencia, hicieron que el tiempo no se detuviera nunca, hicieron que cada hora y minuto sonara en cada habitante del pueblo durante 100 años. Y es que casi nadie tenía reloj, el reloj de la parroquia marcaba el ritmo de vida de cada persona, la misa de 5 o 6, la hora de poner el fogón y preparar el desayuno, la partida al trabajo, el Ángelous al medio día, la hora de comida, la hora de salida, la siesta que dormía todo el pueblo a las 5 pm. Las campanadas de la torre y el reloj anunciaban las cinco veces que se tenía que interrumpir las labores para decir las oraciones correspondientes.

Hoy ya casi nadie escucha el viejo reloj, y es que los tiempos cambian, la tecnología nos facilita cada paso que damos pero también nos hace pasar de largo sin percibir el milagro de lo insignificante, de lo pequeño.

El sonido del reloj lo llevamos todos los habitantes del pueblo grabado en nuestros recuerdos. El musical sonido de cada campanada se ha ido con nuestro Tejupilco de antaño, se lo ha llevado su guardián, hace años que al reloj de la torre le mandaron quitar su carátula alemana de 1910 desde la presidencia y la mayor parte del tiempo no funciona, como si hubiera sentido la muerte de Don Juan Campuzano ocurrida un 25 de julio del 2006.

Rodolfo Sinaí Gómez

Cronista municipal de Tejupilco, egresado de la Licenciatura en Estudios Latinoamericanos de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México. UNAM).