• MONITOR

Una Colorada (vale más que cien descoloridas)  ++Sanción


Cometer cualquier acto que infrinja una norma y más aun la ley, tiene cierta posibilidad de corrección, si dicha norma contiene una sanción. En el futbol las sanciones van desde la simple amonestación hasta la expulsión pasando por una suerte de tarjetas de diversos colores. Los berrinches infantiles, disminuyen frente al envío a “tu cuarto mientras se te pasa” hasta cintarazos o nalgadas, según el nivel educativo de los adultos que rodean al berrinchudo; los excesos conductuales –no estudiar, agredir a compañeros, retobar a los adultos que rodean al joven etc.- de la adolescencia encuentran vía de corrección, frente a la confiscación del Iphone, la ausencia de permiso para asistir durante cierto tiempo a reuniones sociales, la no compra de algo “importante” o la cancelación de las vacaciones.

Salvo casos realmente patológicos, la mayoría de las sanciones sociales son parte de la formación de una estructura familiar con moral y ética que variará según las costumbres y tradiciones, el entorno y la propia madurez de los adultos encargados de aplicar el correctivo.

La pena que puede recibir alguien responsable de una conducta delictiva, es quizá el elemento más importante de la norma a grado tal que aquellas carentes de tal componente se denominan imperfectas. ¿El homicidio en una sociedad cuyas sanciones se eluden de manera permanente aumenta? Quién respeta menos a la autoridad facultada de aplicar las penas, frente a su omisión ¿el infractor o la víctima?

El incumplimiento en todos los ámbitos es un proceso casi siempre progresivo. Si una norma establece sanciones por tirar basura en la vía pública y la autoridad se hace “de la vista gorda” a partir del reconocimiento de un deficiente servicio de recolección que quizá le afecta en su propio ambiente, no es difícil que con el tiempo esta situación escale a riñas ínter-vecinales, tragedias derivadas del taponamiento de drenajes, daños en la propiedad e incuso lesiones por las que nadie responderá, como no se hace por la ignorancia de la conducta cívica mencionada. ¿Estarían los centros urbanos con mejor imagen si de verdad, las patrullas detuvieran en flagrancia a los grafiteros, los presentaran ante la autoridad competente, para que un juez aplicara la sanción correspondiente a robo o daño en propiedad ajena? ¿Porque la campaña antigrafiti[1], puso a repintar bardas a policías auxiliares en vez de que los propios responsables lo hagan como castigo?

En México contamos con un sistema legal bastante conveniente, entonces ¿porque van en aumento los secuestros, las agresiones a la autoridad –ya escalamos hasta el ejército- y la práctica de sanciones que en si mismas suponen la proliferación del delito como en el caso de los linchamientos? ¿Qué ocurre en la mente de víctimas –comerciantes, trabajadores, propietarios de vehículos robados e incendiados- o de personas que marchan, bloquean y roban justificando que lo hacen porque las autoridades no les resuelven sus demandas?

En todo el mundo parece estarse fortaleciendo la antigua ley del más fuerte. Este puede ser un gobierno autoritario, un grupo de facinerosos –mercaderes de droga, de armas, de personas etc.- un consorcio de explotadores y hasta sujetos que justifican sus agresiones en temas como la pobreza o la marginación social. Lo único que puede poner orden, es la ley y por supuesto su cumplimiento. Evitar llegar a las venganzas privadas, grupales o sociales, es tan simple como cumplir aplicando las sanciones que la ley ha establecido para los infractores. Si de un lado tenemos gobiernos temerosos a ser calificadas de “represoras” y del otro a personajes casi en el ámbito de la sociopatía, el resultado es como hemos visto la proliferación del delito.

Otro factor que inhibe a la aplicación de la sanción es la propia conducta ilegal; tan antiguo como “el que esté libre de culpa que lance la primera piedra, es el lamentable resultado de autoridades que por la inercia “de la costumbre” vuelven la mirada a otro lado cuando el ambulantaje se desata, la insubordinación se tolera, la corrupción no se rechaza, la dádiva se acepta e incluso se impone. ¿Que pasaría si de pronto la ciudad amaneciera, con un ejército de graffiteros repintando las bardas que dañaron y no les pertenecen? ¿De verdad el jefe de gobierno cree que por salir en fotos de periódicos con una brocha realizando esta labor se hará más aceptable para los electores? El que no ha pagado una deuda ¿lo hará por las amenazantes llamadas de un despacho de cobranza? ¿Por qué algunos abogados prefieren esta vía violenta de hostigamiento en vez de un juicio? ¿Alguien ha sancionado alguna vez a un trabajador de juzgado por el maltrato, la dilación y el dar la vuelta al deber jurídico de propiciar la justicia? Quienes ostentan un título relacionado con el derecho, ¿entienden la diferencia entre coacción y sanción? ¿Cuántos jóvenes o primo-delincuentes reencontrarían el buen camino con la simple aplicación de una sanción resarcitoria?[2]

Llegar al punto de asumir que todas las sanciones deben ser represivas[3] que solo yo tengo la razón, que la justicia es la que yo imagino y no la delineada en las leyes, es el preámbulo seguro de la destrucción del llamado Estado de Derecho. Las sanciones deben alcanzar por igual al infractor –sea este delincuente de cuello blanco, ladrón de ferrocarriles, estudiante, supuesto defensor de los derechos humanos, medios de comunicación y hasta autoridades omisas- que a quienes suponen que tomando la justicia en sus manos las cosas pueden mejorar.

[1] Se anunció en el DF que se iniciaría una campaña contra este problema durante el 2014-15. pero más allá de algunas fotos y declaraciones la ciudad sigue pareciendo un barrio en manos de pandilleros. [2] Reparación de daño, que ha provocado el árbol que planté y por la barda que debo levantar destruida por un auto, o lo que debo pagar par atender mis lesiones etc.

[3] Quiero que destituyan al que no hace mi voluntad, que metan a la cárcel a quien no me devuelve vivos a los que no es posible que tengan esa condición, que sufra mucho el que me ha dañado etc.