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Devoción y esperanza fervorosa


++Crece tierna tradición del Divino Niño en Luvianos


Luvianos, México.- Una historia triste y trágica significó el inicio de una tierna tradición en este municipio, Lupita luchó desde niña con fatal enfermedad, fueron varios años de esperar el alivio, pero no logró vencer el cáncer, murió a los 19 años; durante su tratamiento se convirtió en devota del Divino Niño, una advocación del pequeño Jesús, con sus manitas alzadas al cielo y su vestimenta rosa con cinta azul y la gran corola dorada.

Pese a sus terribles dolores y el ser desahuciada por la ciencia médica Lupita no perdió la fe y el cariño por esa figura de sonrisa suave que la acompañaba y le dada fuerza durante sus quimioterapias; apoyada por su familia se dio a la tarea de ahorrar para comprar una imagen del Divino Niño y depositarla en un sitio especial, donde mucha gente lo conociera y le pudiera pedir favores.

Eso fue poco antes de su muerte hace ocho años, desde entonces su hermana Irma Hernández Guerrero se dio a la tarea de continuar con la encomienda de Lupita para honrar al Divino Niño, y celebrarle cada primer día de septiembre con toda devoción, fecha cuando sale de su nicho para visitar un hogar luvianense donde le esperan con gran fiesta, comida, música de banda, cuetes, y la algarabía de niños y niñas quienes acuden a venerarlo, muchos con la misma vestimenta de la venerada imagen.

Esta ocasión fue la familia Subillaga Granados quien tuvo el honor de recibir y velar al querido niño, entre flores, veladoras y múltiples ofrendas, principalmente dulces, acompañado también de muchas otras figuras como él, en todos rosa y azul o blanco, en todos tamaños y estilos, formándose un grupo numeroso con vestidos de tela o tejidos a mano, pequeñitos o de buen tamaño, algunos arropados cariñosamente entre los brazos de niños y niñas, varios envueltos en cobijitas o recostados en canastitas.

Tempranito sus anfitriones lo despiden, mientras ofrecen pan, atole, gelatinas, y obsequian playeras conmemorativas a los más pequeños, mientras se forman para iniciar la procesión por las principales calles; en primer término cumplen con una cita anual en el panteón de Luvianos, para “saludar” a Lupita, la jovencita quien trajo al Divino Niño, muy cerca de su tumba se detiene la procesión para echarle porras y tocar las mañanitas al Niño.

Continúan el recorrido hasta la parroquia de San Pedro Apóstol donde se oficia la misa en honor de todos los pequeños, se bendicen las imágenes y el Divino Niño regresa a su lugar en la sala parroquial, donde pueden visitarlo todos los días, llevarle dulces, sus peticiones, pero principalmente los agradecimientos por los milagros y favores realizados a favor de sus devotos.

La fiesta es cada vez más lucida, año con año crece esta devoción y aumentan los interesados den recibir al Divino Niño en sus hogares, al grado que están en la lista las familias que lo recibirán desde este 2017 y hasta el 2026, por el privilegio que representa, dijeron, pero sobre todo porque es un símbolo de esperanza y fe, tan necesario en estos tiempos de tanta zozobra, conflictos y problemas de todo tipo, pesar que el Niño Divino les ayuda a sobrellevar o resolver es un gran alivio para sus seguidores, cada vez más numerosos.