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Difundir el pasado glorioso de Luvianos para recuperar identidad


  • Resulta urgente rescatar y divulgar símbolos de identidad luvianense

  • Proponen homenaje al maestro Javier Romero Quiroz, quien apoyado por expedicionarios locales ubicaron el origen de Luvianos y varios pueblos perdidos entre la historia

La situación de violencia vivida en Luvianos durante los últimos cinco años, aunado a otros factores sociales, culturales y económicos han debilitado el sentido de identidad y pertenencia, resulta pues imperante hacer un rescate de valores y símbolos luvianenses para reconstruir ese orgullo tan característico de los pobladores de tierra caliente y a la vez seria oportunidad para rendir homenaje al maestro Javier Romero Quiroz, y con ello exaltar y difundir sus hallazgos sobre el glorioso pasado del municipio.

La propuesta es de Guillermo Gonzales Hernández, personaje luvianense de múltiples facetas, quien colaboró en esta investigación realizada a finales del siglo pasado, cuyos hallazgos se compartieron en algunas escuelas de la localidad, pero por diversas circunstancias quedó inconcluso el propósito de formar con tales datos la primer monografía municipal, pero continua el propósito de difundir los orígenes de esta población, dijo.

La misión ahora es buscar los canales para dar a conocer a los Luvianenses aquellos pasajes históricos de mayor relevancia, descubiertos por el maestro Javier Romero Quiroz, quien encontró indicios muy claros de un glorioso pasado de este lugar, perteneciente a la conocido hace siglos como “República de Tejupilco”, con 18 pueblos o sujetos, como lo refiere textualmente varios documentos encontrados.

Con interesantes revelaciones el maestro Javier Romero Quiroz halló las raíces ancestrales, los elementos para afirmar la importancia lograda desde aquel lejano tiempo con la fundación de Luvianos, aunque después de la conquista nunca se consideró como asentamiento de población alguna perteneciente a Tejupilco; no existían indicios, sólo el casco de la hacienda de San Martín era la única referencia, no tenían reporte de ningún pasado más, pero él descubrió algunas citas históricas y reveladoras, y con ellas ubicó como el más antiguo asentamiento de Luvianos a San Sebastián, justo en la parte sur.

Al respecto señaló: “En las laderas de la ciudad de Nanchititla, ahí estaba asentado el pueblo de Luvianos y la hacienda esta ubicada en el lugar que después dio origen al pueblo, pero en 1874 cuando alcanzó tal categoría, todos los habitantes estaban allá y llegaron a tomar posición de su terreno, conformándose como el primer cuadro de la población. Este fue el fundo legal, apenas de un kilómetro cuadrado, donde fueron ubicándose los primero habitantes, todos ellos procedentes de San Sebastián, donde están ubicadas precisamente todas las ruinas prehispánicas de Luvianos”.

Estos datos permitieron determinar que Luvianos en la época prehispánica se llamaba “Tianguiztepeque”, asentado sobre ruinas de la cultura Matlazinca; y se confirma precisamente en un texto antiguo donde señalan el pueblo más grande e importante de Tejupilco; la delegación más importante del municipio y sitio estratégico de intercambio comercial, lo cual le dio el nombre cuyo significado es : “Plaza al pie del cerro”; basta observar el paisaje, muy similar al de aquel pasado remoto, cuando se ubicó como un pueblo al pie de una sierra muy alta, a una legua y media de Tejupilco.

El maestro explicó que son dos leguas en realidad, según lo refirieron también desde la antigüedad, el alcalde Mayor Gaspar de Cobarruvias en un estudio realizado en tan solo treinta días, recorrió prácticamente todo el Estado de México, incluyendo la Corregiduría de Tuzantla, cuyas colindancias se marcan con otras entidades, por ejemplo Tajimaroa, ahora conocida como Ciudad Hidalgo.

Estos datos permiten informar con certeza que Tianguiztepeque fue el pueblo más grande de Tejupilco, donde convergían 4 grupos raciales de los Mexicas; tanto del estado, como de una parte del estado de Michoacán. La zona occidente donde esta su frontera local y donde se asentaban los Tarascos, con quienes sostenía los Aztecas las llamadas guerras Floridas (para obtener prisioneros y sacrificarlos). Para tales fines, también estaban los Pirindas, los del Río de Pungarancho, “los del medio”.

En este sentido, muchos historiadores o investigadores no alcanzan a ubicar bien a los Pirindas, “son los del Río, los de en medio “, habitantes entre el río Pungarancho y el Río de Acatitlán, ahí estaban los propios, los oriundos de aquí, Matlazincas de Tianguiztepeque.

Tales datos fueron obtenidos tras ardua investigación realizada por el maestro, con el propósito de darle sustento en el siglo pasado a la iniciativa para crear el municipio de Luvianos, y publicar así la primer monografía municipal, lo cual no fue posible por diversos motivos, pero ahora se retoma el propósito de dar a conocer el pasado Matlazinca de Luvianos, integrado por 18 pueblos: San Diego Cuentla, de San Simón de Guerrero; Ahuacatitlán, en territorio de Amatepec; Acamuchitlán; Tejapa Limones; Ixtapacoyan ubicado como Ixtapan; Almoloya, hoy de las Granadas y Cacaloxtoc, conocido como Temascaltepec y varios pueblos más aún no identificados.

Se subraya Tlaquipaltepeque, el Cerro de la Nariz donde también existen vestigios importantes; era el sitio para defensa de los matlazincas, quienes desde las alturas se protegían de los ataques tarascos y cuando arrasaban un pueblo, este era su único bastión y fortaleza; el difícil acceso y los manantiales les permitían refugiarse el tiempo necesario.

Apunta también Cucaxcuautenango, un pueblo con fuerte muralla, le llamaban “la redonda”, una fortaleza natural, mesa ubicada entre acantilados donde también existen ruinas arqueológicas, (en este sitio lugareños encontraron hace años una esqueleto con una corona de oro y piedras, se las vendieron a un padre de Acatitlán).

También se anota Tlapicaya, actual ejido de Buenos Aires de la Sierra, (segunda ampliación del Ejido Luvianos) donde igualmente hay ruinas, al menos en tres kilómetros, quizás eran canchas para el juego de pelota; también se aprecian vestigios de calles, avenidas y basamentos piramidales, pero no se han realizado trabajos arqueológicos adecuados.

Este estudio además de realizarse en archivos, se hizo con recorridos y expediciones a píe y a caballo, así fue como lograron identificarse varios pueblos, pero faltan muchos más por ubicar, al menos seis, explicó Guillermo González, quien considera que el mejor homenaje y reconocimiento para el profesor Javier Romero Quiroz, es difundir su trabajo entre la población y la radio comunitaria de Luvianos es una excelente opción.

El maestro Romero Quiroz fue quien dio pauta para este estudio, donde lo más sobresaliente es afirmar con toda certeza del pasado Matlazinca de Luvianos, asentado en sus orígenes más remotos en el desaparecido pueblo de Tianguiztepeque, ese nombre explica González Hernández: “siempre lo vimos en el libro, pero nuestro error fue buscar las ruinas bajo de la iglesia o en el caso de la Hacienda, pero estos vestigios están al pie del cerro”, indicó.

Un signo más de identidad para Luvianos es precisamente el tianguis, de existencia inmemorable, pero la monografía escrita se escribió enfocándose solo en datos de la cabecera municipal de Tejupilco, no de sus delegaciones; por eso se pierden muchos detalles de la historia local luvianense, descubierta gracias al trabajo del maestro Romero Quiroz, lo cual sirvió de guía para entusiasta grupo de espontáneos exploradores e investigadores autodidactas, entre ellos Silvano Martínez y Gilberto Mojica, quienes recorrieron hace mas de 15 años el territorio, acamparon sobre las ruinas, y desde ahí hicieron sus conjeturas, y recrearon el trabajo de Gaspar de Covarrubias quien hizo su estudio en 1570 y reportó muchos pueblos que enseguida desaparecieron.


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